A esas horas de la tarde, la mar se ve a lo lejos como un charco de oro incandescente. El sol, como un fogoso amante, su une a ella en el horizonte y la va tiñendo de rojo con una luz y un brillo de otro color diferente al de la luna, que ya espera celosa que el astro ardiente le deje el sitio para alumbrar al mar y pasar la noche juntos
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