miércoles, 15 de septiembre de 2010

Reflexiones del barón

Como el molusco o la lapa se pega a la roca a la orilla del mar, se une un alma dependiente con otra que le da la energía vital de su existencia. Una simbiosis necesaria, fruto del calor y la atracción de dos cuerpos que se arriman hasta juntarse y fundirse en uno solo. El del ser dominante, como la roca, es el fuerte y quien sostiene al otro y le deja que se desarrolle a su costa. Y así puede respirar y alimentarse y hasta crecer. Pero si otra fuerza extraña lo despega o el mismo mar lo arrebata soltándolo de su sujeción, entonces lentamente se muere y se seca al sol tirado sobre la arena de la playa. Para ese ente no hay salvación sin la piedra que lo mantenía a flote  

lunes, 13 de septiembre de 2010

Reflexiones del barón

Casi no se percibe la brisa, porque al atardecer, en las tardes del final del verano, el viento no quiere molestarnos y nos deja admirar la tranquila hermosura del mar cuando la luz baja del cielo para bañarse en sus aguas. Todo reluce y nos quedamos mudos y apenas pensamos en nada. Sólo, sentados en un cómodo sillón de mimbre, miramos y nos parece que el tiempo se ha detenido o al menos pasa más lento para alargar esa paz que disfrutamos hasta el ocaso, antes de envolvernos las sombras de la noche. Así juega mi tierra con su sol y su océano

domingo, 12 de septiembre de 2010

Reflexiones del barón

Tiene edad para arriesgar su vida y trabajar duro arrancando mineral bajo la tierra, pero su gesto paciente en una cara de rasgos todavía adolescentes, nos dice en silencio que en su vida no hay la alegría de otros muchachos de su edad. Podemos pensar que hace lo que le gusta, mas no sería cierto. Es la necesidad la que le empuja a bajar a la mina y ganar un jornal, nunca mejor dicho, con el sudor de su frente. Trabajo honrado y penoso para hombres fuertes que no se rinden al cansancio ni al dolor. Y a veces, tampoco a la soledad de un posible aislamiento ni al riesgo de la tragedia. Mi homenaje al minero o a cualquier otro protagonista de un oficio tan recio

sábado, 11 de septiembre de 2010

Reflexiones del barón

En el estanque aparece el cisne blanco y los de color negro lo observan con disimulo desde la orilla del agua. Está entre la luz y la sombra, pero un rayo ilumina un trozo de su cuerpo y su plumaje reluce destacando su blancura. Aunque se mueve mejor en su elemento, que es el agua, no deja de ser elegante a pesar de su patoso andar. Y los otros, los negros, también bellos y airosos, lo admiran y quizás lo desean tan sólo por ser diferente a ellos. Pero no siempre ocurre esto y muchas veces el hecho de ser distinto provoca rechazo e indignación en otros seres de mentes estrechas. Y si de algo estoy seguro es de que unos y otros son hermosos y atractivos para desearse mutuamente


jueves, 9 de septiembre de 2010

Reflexiones del barón

Al anochecer, con el ocaso del día, vuelvo otra vez a mis rutinas y pensamientos. Parece que nada cambia y, sin embargo, nada es igual al declinar la luz y volverse de oro viejo el cielo y el mar. Las sombras emergen sobre ese fondo de luz mortecina y la mente procesa ideas que no siempre son profundas ni sirven para otra cosa que no sea saber que aún vives y respiras como otros muchos seres que conviven en este planeta llamado tierra. Un mundo en constante evolución que no sabemos muy bien hacia donde camina. Pero si hay algo inmutable es la luz del día y la oscuridad de la noche, tanto dentro como fuera del alma

jueves, 2 de septiembre de 2010

Reflexiones del barón

Adónde me llevarán las velas que no alcanzo con la vista otro horizonte distinto al océano que me rodea. El cielo se blanquea al tocar con el agua en esa línea a la que nunca me acerco por más que navegue hacia ella. Y cuanto más ansío llegar, más se aleja y la proa cabecea a golpes de mar. El Atlántico juega conmigo y me mece o me zarandea, según de que humor esté el tiempo y la marejada. Pero me fascina y me atrapa ese sabor húmedo con su olor a salitre y la brisa marina que curte la cara y pone áspero y duros los pelos. El viento preña las velas y me llena el alma de sensaciones buenas 

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Reflexiones del barón

Cuando ves a alguien deslizarse sobre una ola, da la impresión de que esa cresta de espuma blanca lo acoge en su seno para protegerlo como a su hijo. Y lo es, porque su afición le marca la vida y lo hace hijo del mar que lo mece y lo envuelve para jugar con él, aunque a veces también le de un susto revolcándolo contra la arena. Pero siempre termina sacándolo a flote, porque lo estima y le duele si sufre un accidente que pueda privarle de su compañía. El océano cuida a sus criaturas y también aquellas que pululan en las playas. Y una de ellas es este irredento juguetón que no se cansa de tomar las olas. Y acaso se puede respirar una paz mayor que sentado frente al mar viéndolas romper contra la orilla?