Colgados
entre la luz y la sombra estaban estos cántaros como cuerpos
cansados tras el esfuerzo de amar y ser amados. Como seres sudorosos
que yacen inertes después de agotarse para complacer a quien tiene
la llave que abre su alma y dispara los resortes de su libido y la
pasión. Como a ellos que les dio forma un hábil alfarero, al ser
que descansa rendido por el esfuerzo y la tensión sexual también lo
han moldeado y transformado otras diestras manos que supieron manejar
la arcilla de su carne y sus sentidos para sacar de todo eso una obra
manufacturada con delirio, dolor y placer. Por eso, tal y como esas
ánforas realmente pertenecen a quien las creó, una criatura bien
gozada sólo podrá tener por dueño quien supo hacer que vibrase y
se entregase sin reservas para ser amada y disfrutase el sueño sin
límites de una entrega absoluta que jamás tendrá fin, porque esa
será la única recompensa a la que aspira su corazón y que desean
sus sentidos
jueves, 13 de octubre de 2011
miércoles, 12 de octubre de 2011
Reflexiones del barón
Sólo
la primera inocencia puede pintar en sus caras esa mirada temerosa y
curiosa por ver y saber que ocurre en su entorno. Todo llama su
atención y cualquier cosa puede asustarlos porque nada puede haber
más indefenso que una criatura todavía tan tierna si no está cerca
su madre. Son casi tan vulnerables como cualquiera de nosotros cuando
nos alcanza el amor y nos devora el deseo y un ansia incontenible de
sumergirnos en ese placentero dolor que nos causa una fuerte
atracción por otro cuerpo. Tanto gozamos de el sublime deleite del
éxtasis como sufrimos dichosos el delirio de la entrega sin límites,
tan sólo por satisfacer a quien se adueña de nuestro afecto y no
vemos más que por sus ojos y escuchamos por sus oídos. Sus labios y
su lengua son el exquisito manjar que nunca nos sacia y el calor de
su carne nos despierta todos los apetitos embriagándonos su olor.
Sin embargo para esas dos pequeñas bolas de ojos azules como el
cielo, que con tanta insistencia nos miran, todo esto no son más
que palabras sin ningún sentido ni jamás llegarán a saber su
significado ni el gusto de poder decirlas
lunes, 10 de octubre de 2011
Reflexiones del barón
Cuantas
veces habrán dicho los hombres “quién pudiera volar”. Y hoy se
puede hacerlo pero no como los pájaros. No les hace falta ningún
artilugio para remontar el vuelo y surcar el cielo. Ellos tienen
alas. Alas de verdad cubiertas de plumas. Las aves si pueden volar
por si mismas y eso nosotros, los poderosos seres que pretendemos
dominar la naturaleza, no podemos lograrlo sino usamos artefactos más
o menos sofisticados y potentes para despegar los pies del suelo. A
no ser que volemos con lo único que quizás nos haga superiores a
los demás habitantes de la tierra. Que dejemos volar la imaginación
y creemos otro universo ingrávido y sutil donde cualquier cosa es
posible y ahí sólo haya pasión y delirio. Que perdamos la nación
del tiempo y del espacio y no sintamos el peso de nuestra carne y
soltemos el lastre que nos impide ascender por encima de la nubes y
dejarnos llevar por la fuerza del viento. Que solamente nos sostengan
en el intenso azul de un cielo esplendoroso las manos de quien nos
ama y amamos con más ardor que todo lo que dejamos abajo
sábado, 8 de octubre de 2011
Reflexiones del barón
Hasta
la naturaleza llora cuando un sentimiento la desgarra. Una lágrima
corre despacio por la piel, camino del abismo, y queda colgada unos
instantes antes de desprenderse y caer al vacío dejando su huella en
un rostro entristecido que refleja un profundo dolor. Una pena
provoca angustia por un sufrimiento. Pero si es físico solamente,
puede resultar placentero si nos lo causa el deseo de dar placer o
gozar y se soporta mejor que ese otro que nos aflige y recome el
alma. Porque el espíritu es más frágil y se recupera peor que el
cuerpo y las lágrimas que brotan del corazón son mucho más
amargas, aunque quizás sean más hermosas y la luz las haga brillar
como gemas preciosas. Y un día vi como el rocío tomaba el aspecto
del llanto al resbalar por la superficie de una jugosa fruta que
colgaba de un peral en el huerto y me hizo pensar en las penas. Luego
estuve contemplando esa gota que relucía y me acordé de las
alegrías, pues por eso se puede llorar también y las lágrimas
entonces son dulces en lugar de saladas y gusta su sabor.
jueves, 6 de octubre de 2011
Reflexiones del barón
Si
he de amarrar mi barca para abrigarla y ampararla del viento y la
galerna, ha de ser entre la rada de tus piernas con una fuerte maroma
que rodee esa piel de oro que las cubre. Tu bello y firme cuerpo será
el puerto seguro donde atracaré para no naufragar huyendo de la
tormenta. Serás la fuerte bita anclada sobre el muelle que resista
la inclemencia del temporal y no permita que las olas de esa mar
brava hundan la embarcación con la que arribo a tus aguas, unas
veces tranquilas y otras turbulentas, aunque siempre más deseadas
que la apacible y cristalina superficie de un remanso tranquilo y sin
emoción. Tu eres la ensenada llena de sol en la que se mecen
serenamente mis días
lunes, 3 de octubre de 2011
Reflexiones del barón
Un
mar transparente que se transforma en tonos del azul al
verde. Lo mismo que el cielo que de tan azul lastima los ojos y los
ciega su luz, haciendo más blancas las casas que surgen de la misma
arena que forma la playa. Barcas y lanchas ponen puntos de color que
se menean cadenciosamente al ritmo del viento y las olas.
Y frente a
esta ribera, bonita, apacible e informal, se ven las oscuras piedras
volcánicas de Lanzarote que se elevan en un risco.
Estamos en La Graciosa y su nombre tiene
mucho que ver con esta pequeña isla que sabe a sal y juega con el
agua del mar y sus olas. Aquí no hay asfalto y su costa es preciosa; y tan sólo en bañador y chancletas todos parecemos iguales
sábado, 1 de octubre de 2011
Reflexiones del barón
Ante
esa inmensa negrura rematada por un deslumbrante cielo de oro,
sientes que todo se hace pequeño y cualquier cuestión que te
obsesiona pierde importancia y la ves de pronto tan nimia que si la
caída del sol no te absorbiese y centrase tu atención, te reirías
a carcajadas de tu propia necedad por la soberbia de creerte alguien
frente a tal espectáculo inigualable. Entonces, en esos breves
momentos de contemplación, la brisa del mar te trae la calma y
apacigua tus sentidos disparando en tu interior los verdaderos
sentimientos que nos importan y te sientes parte de la creación
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