lunes, 11 de octubre de 2010

Reflexiones del barón

El mar arroja a la orilla de la playa lo que le sobra y al subir mucho la marea quedan restos de ramas, algas y diversos objetos que otros tiraron a sus aguas mucho antes. El océano es capaz de librarse de esa carga indeseada y muchas veces peligrosa. Pero podemos nosotros hacer lo mismo?. Logramos, al subir y bajar el nivel de nuestro dolor, echar fuera todo el poso que deja el daño que nos han causado?. Tenemos algo de su fuerza para regenerarnos y resurgir de nuevo afrontando la vida tranquilamente como sus aguas vuelven a bañar las arenas de la playa?. Me gustaría ser como el mar

domingo, 10 de octubre de 2010

Reflexiones del barón

Esta tarde el mar quiso jugar con las olas y, sin viento, levantaba montes de agua y espuma para divertirse con los muchachos que con una simple tabla dicen que van a coger olas. Y me acordé de otra criatura que gozaba deslizándose sobre grandes ondas saladas ribeteadas de espuma. Esos chicos se entregan de cara, con energía, volviendo el riesgo en placer, y danzan un trepidante baile con el mar. No sienten miedo y quieren ser parte de ese mundo líquido y caprichoso que los atrae con más fuerza que la seguridad del suelo firme, que siempre lo prefieren de arena. Ellos se entregan a tope a ese deporte de equilibrio y agilidad, con el fin de mantenerse por más tiempo sobre la ola más alta. Y para eso se quedan en la playa sin notar el frío ni el ardor del sol. Quizás por acostumbrarse a ese esfuerzo, ese ser duro de cuerpo y apasionado de espíritu viva con la misma intensidad el amor y se dé al ser amado sin reserva hasta confundirse con su esencia, de igual manera que le ocurre con el mar

viernes, 8 de octubre de 2010

Reflexiones del barón

Siguiendo con mi ciudad, también diré que antes no había tantas rejas ni alambradas que impidiesen acercarte al borde del mar. Ahora sí. Sobre todo donde están los barcos deportivos. Y el resto, los grandes, también. Y vigilantes y toda clase de precauciones para salvaguardar la propiedad, supongo. Aunque a veces más parece que en lugar de guardar y proteger, lo que se pretende es vigilarnos en todas partes. Da la impresión que ahora todos estamos bajo sospecha de algo. Y no digamos si viajamos en avión. Yo recuerdo un tiempo en que volar era glamuroso y en los aeropuertos te trataban bien y con respeto y hasta deferencia. Ahora, a no ser que seas rico y VIP, es incómodo y el acceso al avión sólo cabe calificarlo como vejatorio. En aras de la seguridad, eso sí. Pero te sientes peor que ganado. Y no precisamente para ser llevado a un concurso y ganar una escarapela de colores por merecer el primer premio. Dentro de poco nos marcan con un código de barras y nos leen al pasar cualquier control. Y eso da igual. Hay tantos que uno más no importa   

jueves, 7 de octubre de 2010

Reflexiones del barón

Desde que yo era niño todo ha cambiado. En general para bien, pero recuerdo algunas cosas que me gustaban más como eran antes. Y al ver ahora una panorámica de mi ciudad, veo cambios en su fisonomía y no todos mejoran la estética que yo recuerdo. Ahora la veo de frente, desde el mar o paseando por un espigón que antes no existía, y no veo el antiguo mercado de hierro y cristal sobre las piedras que mucho antes fueron lamidas por el mar. Tampoco veo detrás las torres neoclásicas de la colegiata, que antes eran dos gemelas marcando silueta contra el cielo, y lo que las tapa es una pared rectangular sin gracia y enlosada de abajo arriba, que ocupa lo que antes fue el mercado. Me encuentro con el mismo edificio náutico, semejante a un barco varado, en el que pasé muchas horas siendo adolescente y que ya no es crema sino blanco, pero que por fortuna todavía está ahí. Y también siguen en su sitio los barcos de vela y las lanchas motoras. Menos mal que de los dos hoteles antiguos y preciosos, todavía queda uno; ahora con un sombrero verde, pero también sigue en su sitio. La torre del Ayuntamiento no estaba antes, pero no me molesta verla ahora. Pero, de todos modos, ya no hay cosas que me parecían muy bonitas y es una pena no verlas ahora  

lunes, 4 de octubre de 2010

Reflexiones del barón

Cada noche al acostarme en mi cama veo esos dos cuadros en la pared. Los dos se refieren a algo especifico de mi ciudad. Un edificio que es el Concello, como se dice en mi lengua vernácula. Y un puente que cruza un estrecho, famoso por dos hechos. Una batalla contra los ingleses, que lleva su nombre. Y, a consecuencia de ella, ocultar un tesoro en las profundidades del mar. Son fundamentalmente grises, aunque en uno destaquen tonos rojos, que no son más que meros reflejos de un día que pudo ser más intenso. Pero en general la vida es principalmente monótona y pocas veces sentimos que la sangre se nos vuelve adolescente otra vez. Y yo veo esas pinturas y apago la luz esperando que un nuevo día me traiga colores vivos y brillantes, sino de pasión al menos de esperanza en una existencia más vivida y trepidante, que renueve mi adrenalina y mi deseo. Todos necesitamos un estímulo vital para seguir el camino  

sábado, 2 de octubre de 2010

Reflexiones del barón

Me hizo gracia verlos venir tan ordenadamente como si fuese una procesión de notables en un acto social. Siguen al cabecilla, o simplemente le tocó a él ir delante esa tarde?. Se movían imitándose el contoneo y parecían decir “has visto que guapos y elegantes vamos?. Y qué bien nos quedan nuestras plumas!”. Sí que estaban majos tan emplumados!. Unos o unas, no sé diferenciarlos por el sexo, iban de blanco y los otros u otras, ahí tengo el mismo problema que antes, en un pardo grisáceo con adornos también blancos en la cola y debajo del vientre. Pero estaban más chulos o chulas, sigo sin saber si eran machos o hembras, que un San Luís. O cualquier otra santa si eran gansas en lugar de gansos. Y es posible que hubiera de todo y hasta algunos formasen parejas. Y me de igual que fuesen de hembras o de machos. O mixtas. Que en eso no tengo prejuicios. Lo que si me recordaron, fue a los miembros de una encumbrada élite social, por lo altivos y altaneros que deambulaban por el parque los dichoso gansos. O gansas

viernes, 1 de octubre de 2010

Reflexiones del barón

Hoy no sé que comentar. Veo la playa y me atrae el mar, pero, me pasa como al líquido encaje de las olas que no se deciden a quedarse en la arena. Parece que noto el aire que hincha mi vela, pero pienso, vuelvo a pensar, y nada. No avanzo ni apenas se mueve la barca. Hoy mi mente más que un ágil velero parece un corcho que sólo flota. Cómo me gustaría ser un cormorán y darme un chapuzón lanzándome en picado para pescar. Quizás capturase una buena idea para reflexionar sobre ella. Pero me temo que esta tarde estoy en sequía de sentimientos y no se me ocurre nada interesante de que hablar