jueves, 18 de octubre de 2012

Reflexiones del barón


Ni la lluvia me molesta, sino por el contrario me refresca. Ni la niebla me inquieta, porque te adivino en ella. Ni el trueno me amedrenta, pues mi deseo devuelto en tus ojos me hace temblar mucho más que su estruendo. Ni la soledad es cierta pues tu olor me acompaña. Nada me altera sino es el fuego que arde en mi cuerpo al pensarte, ni nada puede sofocarlo sino es el abrazo de tu cuerpo. Sólo el aire que mueves al acercarte logra aliviar el sudor que mana desde mi alma, pues ni la brisa del mar se compara al frescor de tu presencia. Tú eres el viento que sopla trayendo la vida a mi existencia dormida, porque no soy más que el pensamiento de quererte que nace en mi corazón. Soy tu amante y con eso me defino y me calificó de por vida y tú eres cuanto entiendo por amor

viernes, 21 de septiembre de 2012

Reflexiones del barón


Cuanto más sutiles son los hilos conque lazamos a ese ser que despierta en nosotros el amor, cuanto más fina sea la trama que hayamos tejido a su alrededor para atraparlo y tenerlo cautivo del deseo que mueve el placer de poseerlo, cuanto más prendido a nosotros lo mantengamos, más sentiremos que es parte en nuestra vida. Y, sin darnos cuenta, estaremos creando un íntimo universo entre los dos para unirnos y mantenernos prendidos tanto por la vehemente ansiedad de gozarnos como por la debilidad de necesitar sentir la respiración y el calor que sale de ambos cuerpos. Cuanto más sencilla sea la celda en que dos almas se encierran para juntar sus cuerpos y conocer la dicha de ser uno sin más adornos que su individualidad desnuda, sin más apremio que la urgencia de de no ser dos, más fuertes serán las cadenas que los atan, pues no son de hierro ni otro metal que pueda quebrarse o partir con un golpe seco y firme, sino que es una delicada tela que, cual la de la araña, nadie que caiga en ella se podrá liberar jamás ni podrá salir de esa trampa, pues en ella perderá la vida al dejar allí el corazón 

domingo, 2 de septiembre de 2012

Reflexiones del barón





Me gusta pasar cerca de esa baliza verde que señala la ruta segura para navegar por la ría del lugar donde vivo  y nací. 

Al ir hacia las islas que cierra esta bahía se recorta contra cielo y destaca sobre un horizonte que se adivina tan inmenso como el océano que nos lleva al continente americano. 




Es un punto de referencia para enfilar hacia la isla del sur, donde resulta más agradable fondear para disfrutar del mar y contemplar un paraje que a aún habiéndolo visto mil veces siempre parecerá nuevo y distinto. Allí el sol parece más pendiente de quien visita esas islas y vuelca su fuego sobre la costa y las playas, calcinando también las rocas de los acantilados que se asoman al mar abierto y donde anidan miles de gaviotas y cormoranes. 



La mar, fría y tranquila, se colorea de un rumor verde intenso al llegar a las islas, pero si miras atrás, hacía la ría, un azul profundo y grueso te recuerda que esas aguas, a veces serenas y otros furiosas y encrespadas, siguen siendo parte de un océano. 




Se trata, al fin y al cabo, del gran Atlántico; y por tanto ni puedes bajar la guardia ni confiarte jamás ante su aparente benignidad, pues puede aliarse con el viento y trocarse en la mar brava que cualquier navegante sensato ha de temer. 


Y la brisa marina nos trae el olor a brea y sal de viejos barcos que surcaron los mares en otros tiempos y ahora tan sólo son un atractivo más para paseantes que añoran singladuras de antaño. 

Y al volver, miramos la silueta verde de la vieja baliza que al pasar a su lado nos indica que regresamos a puerto una vez más    

jueves, 30 de agosto de 2012

Reflexiones del barón


Salir de tu casa siempre conlleva un punto de aventura aunque vayas a otro lugar ya conocido donde te esperan gentes amigas con quienes tienes gran afinidad en muchos aspectos, tanto culturales como en gustos y aficiones, ya que es frecuente que surja algo nuevo e imprevisto o conozcas a otros seres interesantes. Y en mi último viaje a tierras cántabras conocí a un precioso ejemplar, de tan sólo un año de edad, con quien me entendí perfectamente y creo que entre los dos nació una sincera y duradera amistad. Por las mañanas, nada más verme, se alegraba y me hacía cuantas carantoñas y demostraciones de afecto sabía, aunque he de decir que algunas eran algo bruscas, pues dada su raza y su energía propia de sus pocos años, unido todo ello a que aún no controla bien su fuerza y su potencial físico, inevitablemente sus alegres envestidas y abrazos para lamer mi cara o cualquier otra parte de mi cuerpo que encontrase desprotegida, podía sufrir algún rasguño o moratón leve si no estaba oculta por la ropa. Luego se apaciguaba y se tumbaba a mi lado y me miraba con sus ojos grandes y oscuros, llenos de inocente cariño y lealtad. la luz del día jugaba con mil reflejos en su pelo tornándolo dorado a veces o haciendo que el sol se reflejase sobre su su piel brillante. Si yo me levantaba de mi asiento él también lo hacía y venía conmigo a cualquier parte donde quisiese ir, ya fuese para estar más tranquilo y poder leer en silencio o simplemente para estar sin pensar casi en nada. Trueno, que así llaman a este buen amigo, es sin lugar a dudas un buen perro, fiel y cariñoso; y acariciar su oscura capa bicolor me relajaba y me hacía sentir bien conmigo, con este bello animal y hasta con el resto del mundo

sábado, 25 de agosto de 2012

Reflexiones del barón



Los humanos nos creemos dueños de algo que nos supera y ese algo que nos engloba al tiempo que nos hace sentir minúsculos es la naturaleza. 

No somos casi nada dentro de ella y cuando pensamos que somos capaces de crear maravillas con nuestra imaginación y los recursos que vamos encontrando y perfeccionando, ella nos vuelve a colocar en nuestro lugar de meros apéndices de su grandeza y nos hace reflexionar sobre la verdadera belleza de que sólo ella es capaz de realizar. 


El aire y el agua pueden crear verdaderos monumentos que nos dejan atónitos y logran que reconozcamos humildemente nuestra pequeñez y las muchas limitaciones que alberga nuestro ser. Al regresar a mi tierra hace unos días y mientras circulaba por la autovía del cantábrico allá por tierras de Ribadeo, de repente sentí la necesidad de acercarme al mar y desviarme hacia la playa de las catedrales. 







El día en esa zona estaba húmedo, no lucía el sol y hasta lloviznaba, pero la playa estaba muy concurrida de visitantes que desfilaban admirando la obra del viento y el mar con la misma atención y asombro que cuando se ve por primera vez la magnífica fabrica de un gran catedral levantada por los hombres. Y sin haber altares ni santos, la gente mostraba un respeto por cuanto veía tan profundo y sentido como en cualquier templo destinado al rezo de cualquier religión. Pero yo creo que en esa catedral labrada durante millones de años por fuerzas superiores a nosotros el recogimiento resulta más sincero y allí, entre el olor salitroso del aire y el rumor de un mar siempre inquieto al que no se le debe de perder el respeto aunque se nos muestre algo apacible, sentimos la fuerza de la naturaleza y nos invade toda la energía del universo. Y un dios de innegable verdad y amor se adueña de nosotros y le rogamos que llegue pronto el día en los hombres aprendamos a respetar este mundo y sepamos convivir en la paz del entendimiento y la comprensión con todos lo seres de la naturaleza          

sábado, 28 de julio de 2012

Reflexiones del barón





Hoy, hace unos cuantos años, ya van sesenta y seis, vine a este mundo en un antiguo barrio de pescadores que además era el corazón de una laboriosa ciudad curtida por la  salobre brisa del mar. 

La casa donde nací miraba al puerto pesquero y yo jugaba en su gran terraza pero me asomaba a la baranda entretenido con el ajetreo de hombres y mujeres y la entrada y salida de las lanchas y barcos pesqueros. Oía el ulular de la sirenas que anunciaban la llegada del pescado a la lonja y mi fantasía volaba a mundos mucho más lejanos cabalgando sobre olas tan grandes como mi propia ansia de aventuras. Me asustaba tanto como me extasiaba el bramido del trueno y el silbar del viento al colarse por las rendijas de las ventanas contra cuyos cristales golpeaba una lluvia feroz cuando azotaba la galerna.

Pero en esos días grises de cielo negruzco y borrascoso aún vivía en mi interior increíbles gestas de valientes e invencibles seres. La belleza del paisaje marino de mi ciudad quizás me dio el gusto por la plástica y también esas aguas atlánticas, gruesas y temibles cuando se enfurece el gran océano, fueron impregnando mi alma de una inventiva que nunca para de crear historias de otras vidas que sin ser la mía quizás quisiera que fuesen realidad. Y al cumplir un año más quiero dar a mis amigos y lectores las gracias por visitar este blog y os muestro algunas de mis elucubraciones figurativas      

miércoles, 18 de julio de 2012

Reflexiones del barón




Mis buenos amigos se preguntan por qué no escribo con más frecuencia en este blog y para ser sincero he de decir que se me ocurren pocas cosas que contar. Y tampoco tengo suficientes ganas para elucubrar sobre cuestiones que aunque me preocupan realmente no considero llegado el momento para hacerlo. 


Me refiero a la situación por la que atraviesa este viejo continente que parece que aún no está harto de sufrir avatares y reveses. 


También debo admitir que últimamente me expreso por medio de figuras dibujadas en uno de estos aparatos con los que ahora podemos jugar y pasar el rato y que sin pretenderlo nos ocupan la mayor parte de nuestros ratos de ocio. Los sentimientos, así como los pensamientos, se pueden trasmitir de muchas maneras además de formar frases uniendo palabras y otra forma que me gusta usar es la expresión plástica ya sea en pintura o dibujo. Y eso es lo que me distrae y me quita tiempo para ponerme delante del ordenador a escribir mis reflexiones; y, sobre todo, me aparta de buscar en mi mente algo que compartir con quienes frecuentan esta ventana virtual. 


Quizás necesite un descanso y dejar que mi cerebro recopile y ordene la ideas que más tarde saldrán convertidas en frases para dar forma visible a mis pensamientos. De cualquier manera sigo imaginando mundos mejores y soñando que algún día la humanidad sea mejor y más solidaria con el resto del universo. 


Y ya que no os cuento nada más interesante, añadiré un par o alguno más de estos dibujos que reflejan un sentido particular de lo estético