domingo, 24 de octubre de 2010

Reflexiones del barón

Somos fruto de lo que nos rodea desde la cuna. Nacemos hechos un ovillo y nos cuesta abrirnos a una realidad ajena a nosotros, que supongo que nos asusta por instinto y hasta debe ser traumático salir del claustro en el que nos formamos durante varios meses. Más tarde, empezamos a caminar y nos caen encima miles de experiencias y realidades extrañas a nuestra vivencia interior. Y, sin darnos cuenta, volvemos a envolvernos en nosotros mismos, como liándonos en una coraza defensiva para no sufrir más agresiones de las que podamos soportar sin enloquecer. Terminamos siendo otro ovillo de pensamientos, ideas, recuerdos, penas y algunas alegrías que aflojan el nudo para no asfixiarnos por estar demasiado prieto. Y continuamos, a veces, tan sólo como momias en vida, vendados con nuestro bagaje cultural y conscientes de nuestras grandes limitaciones. Pero vivimos y no paramos de andar hacia delante aún sin divisar donde está la meta

jueves, 21 de octubre de 2010

Reflexiones del barón

Guardamos cosas en la cabeza, como almacenamos objetos en nuestras casas, a veces trasnochados, pero cargados de nostalgia y recuerdos. A lo que ya no le encontramos utilidad lo arrinconamos, pero nos da pena tirarlo y va a un trastero o al sótano. Hasta que un día, sin saber el motivo, nos acordamos que existe y lo desempolvamos, dándonos cuenta que todavía puede ser útil y que, en cualquier caso, es bello y tiene una intrínseca poesía. Y nos gusta verlo de nuevo en nuestro entorno, aunque resulte anacrónico en ese lugar o parezca un tanto surrealista donde lo colocamos ahora. Pues en la mente ocurre lo mismo. Vivimos el momento y van y vienen los recuerdos mezclados con ideas nuevas y viejas. Y ponemos lo que nos gusta ahora y quitamos lo que ya no interesa, sin perjuicio de traerlo de nuevo al primer plano de nuestra memoria cuando nos resulte oportuno otra vez. Y los políticos son unos verdaderos maestros para hacer esto

martes, 19 de octubre de 2010

Reflexiones del barón

Es más bella la flor en su lozanía. Sin duda es cierto. Pero cuando ya sólo le queda un pétalo prendido a su cáliz, no sigue conservando una melancólica hermosura?. Su fragancia desapareció hace días y los colores se transformaron en tonos marchitos y ajados. Y sin embargo, yo insisto en decir que esa rosa silvestre todavía es bonita. El tiempo no la ha perdonado, pero mantiene su dignidad erguida en su tallo. Nadie, ni ella mismo puede conseguir que vuelva a ser la que fue. Pero si tienen que caer del todo sus vestiduras, quedando desnudo su sexo, que al menos vean todos como sabe afrontar que el viento airee sus miserias. Esa flor nunca será fea aunque ya esté muerta

lunes, 18 de octubre de 2010

Reflexiones del barón

La luz cambia los colores y da matices a las cosas que ninguna mano es capaz de igualar. Dota al paisaje de un brillo y al mismo tiempo produce unas sombras que nos hace ver lo que no existe en realidad. Nuestra mente también hace lo mismo y creemos cierto lo que sólo es quimera. Pero yo me pregunto. Podemos vivir sin imaginar otras realidades más deseables y hermosas que las que nos da la razón?. Qué es lo verdadero y lo falso?. Cuál es el auténtico color de lo que vemos o suponemos como real?. El cielo y la tierra existen. Pero lo que nosotros admiramos sólo es un escenario que hemos construido con tarlatana y cartón a nuestro gusto

sábado, 16 de octubre de 2010

Reflexiones del barón

Se forman esculturas cambiantes de agua y de sal. Son filigranas brillantes al sol o con el resplandor fluorescente que le da la luna. Es un encaje precioso que no puede engalanar más criatura que la mar donde surge. Miles de gotas danzando curiosas por ver lo que encuentran para salpicar juguetonas o aplastar sin piedad aquello que golpean. Se dice que las olas rompen contra la roca y yo creo que no es así. Son las rocas las que se rompen y no las olas. Ellas sólo se vuelven espuma para retroceder de nuevo y formar otra onda más grande y poderosa. Y si admitimos lo contrario, contra lo que rompen jamás las olvidan, pues su huella les queda para siempre. Lo mismo que nosotros no podemos dejar de recordar su belleza ni el atrayente miedo que nos causan al verlas y sentir su empuje revolcándonos y envolviéndonos en ellas

jueves, 14 de octubre de 2010

Reflexiones del barón









El cielo esta tarde es un azul intenso que clarea hacia el horizonte al acercarse a la tierra, Nubes deshilachadas que se concentran a lo lejos, puede que sobre otra tierras próximas, pero que en la costa no quieren ocultar la luz del sol. Y el agua del mar, al romperse en la orilla se torna blanca y luce leves reflejos dorados que se mezclan con las finas arenas de la playa. Hay infinidad de tonos verdes al rededor, pero ninguno compite ni se iguala al del océano. Cada uno es como es y tiene un origen distinto y singular. Y la distancia lo camufla de otro color más oscuro, que más que verde tiende a un gris azulado. Y la ola es más intensa al alzarse y avanzar hacía nosotros sin volverse espuma aún. Así son también los sentimientos al estar junto a quien se ama

martes, 12 de octubre de 2010

Reflexiones del barón

La grandeza asombra, la fuerza estremece, la furia sobrecoge. Y su belleza es tan apabullante como su inmensidad. Uno hasta tiembla el verlo colérico o al menos un tanto agitado. Y, sin embargo, nos cautiva y nos atrae como un potente imán. Podemos contemplarlo horas enteras y el tiempo se pasa sin darnos cuenta. Siempre cambiante. Nunca igual. Jamás parece el mismo. Y siempre es nuestro mar y nuestra vida, esa verdosa y gruesa masa de agua que nos fascina. Olemos y respiramos la humedad de la sal y el viento nos lo recuerda aún sin verlo, porque lo llevamos en las venas y vivifica nuestro espíritu presentir su cercanía. Nos sentimos suyos y la mar es nuestra