miércoles, 12 de diciembre de 2012

Reflexiones del barón





Si algo hay en Iguazú son mariposas de mil tamaños, formas y colores.







Y por supuesto agua. 









Cantidad de agua brava que asombra y te moja al acercarte a ella en su caída brutal desde lo alto de esa grieta enorme que provoca ruidosas y espectaculares cataratas. 




Impresiona ver esa masa líquida contundente que se desploma sobre un río que tan sólo es parte de ella misma pero tronzado y colocado por obra de la misma tierra muchos metros más abajo del lecho por donde discurre su cauce inicial

domingo, 9 de diciembre de 2012

Reflexiones del barón





Naturaleza viva, esplendorosa y tan grandiosa que a veces no te atreves a mirarla directamente y terminas cegado por ese extraño resplandor que la luz provoca al resbalar por la punzante y fría superficie de un fabuloso río de hielo. 






Un río que se rompe con profundos sonidos que atruenan el aire. 




Azules gélidos que atraen y causan enorme respeto, pues su belleza cautiva pero también puede atraparte y encerrarte en ella engulléndote para siempre. 




Y aunque no lo haga de hecho, si te encela al verla y quedas prendido de su piel helada que cruje y guarda restos de su caminar durante millones de años arrastrando cuanto pretendió cortarle el paso e impedir su viaje.

Maravillosa fuerza que nos deja sumidos en la pequeñez de nuestra personal naturaleza para recordarnos que nada somos ni podemos ante las extraordinarias facultades de la naturaleza 

viernes, 16 de noviembre de 2012

Reflexiones del barón


La farola. Así la llaman todos y en ella se citan y quedan, sobre todo los jóvenes y adolescentes de cuyas bocas brotan bromas, risas, vida y gritos. Siempre hay gentes que pasan junto a ella, pues su sitio es el centro del bullicio de su ciudad. Y, sin embargo, a esa hora estaba sola. No era ni tarde ni demasiado temprano, pero estaba sola conmigo y en su regazo de piedra nadie se sentaba, ni tampoco al pie de sus escalones había alguien deseando divertirse, o ser feliz por unas horas. O sencillamente estar allí sin aguardar ni tener nada ni nadie por quien esperar para soñar o reír aunque solamente fuese con los ojos de la esperanza. Estábamos solos los dos y ella me miraba desde sus tulipas de cristal y seguro pensaba que su soledad no era peor que la mía. Y yo la miré despacio, fijándome en su piedra labrada y sus adornos de hierro; y tuve que reconocer que es muy bella esa farola y por ello la eligen a ella para quedar con amigos, o, por qué no, para encontrarse los amantes y verse tan bellos como lo es la farola de esta ciudad. Y por la noche nos alumbra y todo se ve diferente a la luz de esta preciosa farola. Cuántas almas se acomodan al pie de una farola, su farola, para no estar solas y vivir y sentir el calor de su luz o abrigarse con sus sombras. Cómo se ha de amar para creer que ese amor es su farola y la vida discurre tan sólo dentro del círculo que forma su luz al pie de esa farola

domingo, 4 de noviembre de 2012

Reflexiones del barón


Qué queda de tanta belleza si ese mar que te inunda se retira?. Acaso el sol suplirá con su luz el brillo que te da el agua al rebotar en ella sus rayos?. Qué puedes mostrar si no te cubre ese espejo que multiplica el resplandor de un cielo sin nubes. Si el mar no entra en ti solamente quedará a la vista el fango depositado en tu fondo. Es el agua salada del mar al entrar y llenarte quien te da sentido y deja tu vientre preñado de sal. Y, además, cubre tu miseria y tan sólo deja que veamos un hermoso espejo donde reverberan reflejos que nos hacen soñar con mundos fantásticos. Y nos miramos en tu cristalina apariencia y sentimos como la fuerza del mar nos invade y nos colma de esa misma dicha que te hace sentir a ti. Logra que seas algo tan precioso y estimado que cuando se retira y te deja, todos lo lamentamos y notamos que el alma se entristece al ver únicamente el lodo que queda en tu lecho ya vacío. Como una salina que precisa del mar para ser útil y bella, tú necesitas también que ese amor te reviva y nutra con su salobre plenitud y haga de ti la más bella y resplandeciente de las criaturas, pues le sobra luz y calor para darte vigor y desear amar la fuente que te da vida     

jueves, 18 de octubre de 2012

Reflexiones del barón


Ni la lluvia me molesta, sino por el contrario me refresca. Ni la niebla me inquieta, porque te adivino en ella. Ni el trueno me amedrenta, pues mi deseo devuelto en tus ojos me hace temblar mucho más que su estruendo. Ni la soledad es cierta pues tu olor me acompaña. Nada me altera sino es el fuego que arde en mi cuerpo al pensarte, ni nada puede sofocarlo sino es el abrazo de tu cuerpo. Sólo el aire que mueves al acercarte logra aliviar el sudor que mana desde mi alma, pues ni la brisa del mar se compara al frescor de tu presencia. Tú eres el viento que sopla trayendo la vida a mi existencia dormida, porque no soy más que el pensamiento de quererte que nace en mi corazón. Soy tu amante y con eso me defino y me calificó de por vida y tú eres cuanto entiendo por amor

viernes, 21 de septiembre de 2012

Reflexiones del barón


Cuanto más sutiles son los hilos conque lazamos a ese ser que despierta en nosotros el amor, cuanto más fina sea la trama que hayamos tejido a su alrededor para atraparlo y tenerlo cautivo del deseo que mueve el placer de poseerlo, cuanto más prendido a nosotros lo mantengamos, más sentiremos que es parte en nuestra vida. Y, sin darnos cuenta, estaremos creando un íntimo universo entre los dos para unirnos y mantenernos prendidos tanto por la vehemente ansiedad de gozarnos como por la debilidad de necesitar sentir la respiración y el calor que sale de ambos cuerpos. Cuanto más sencilla sea la celda en que dos almas se encierran para juntar sus cuerpos y conocer la dicha de ser uno sin más adornos que su individualidad desnuda, sin más apremio que la urgencia de de no ser dos, más fuertes serán las cadenas que los atan, pues no son de hierro ni otro metal que pueda quebrarse o partir con un golpe seco y firme, sino que es una delicada tela que, cual la de la araña, nadie que caiga en ella se podrá liberar jamás ni podrá salir de esa trampa, pues en ella perderá la vida al dejar allí el corazón 

domingo, 2 de septiembre de 2012

Reflexiones del barón





Me gusta pasar cerca de esa baliza verde que señala la ruta segura para navegar por la ría del lugar donde vivo  y nací. 

Al ir hacia las islas que cierra esta bahía se recorta contra cielo y destaca sobre un horizonte que se adivina tan inmenso como el océano que nos lleva al continente americano. 




Es un punto de referencia para enfilar hacia la isla del sur, donde resulta más agradable fondear para disfrutar del mar y contemplar un paraje que a aún habiéndolo visto mil veces siempre parecerá nuevo y distinto. Allí el sol parece más pendiente de quien visita esas islas y vuelca su fuego sobre la costa y las playas, calcinando también las rocas de los acantilados que se asoman al mar abierto y donde anidan miles de gaviotas y cormoranes. 



La mar, fría y tranquila, se colorea de un rumor verde intenso al llegar a las islas, pero si miras atrás, hacía la ría, un azul profundo y grueso te recuerda que esas aguas, a veces serenas y otros furiosas y encrespadas, siguen siendo parte de un océano. 




Se trata, al fin y al cabo, del gran Atlántico; y por tanto ni puedes bajar la guardia ni confiarte jamás ante su aparente benignidad, pues puede aliarse con el viento y trocarse en la mar brava que cualquier navegante sensato ha de temer. 


Y la brisa marina nos trae el olor a brea y sal de viejos barcos que surcaron los mares en otros tiempos y ahora tan sólo son un atractivo más para paseantes que añoran singladuras de antaño. 

Y al volver, miramos la silueta verde de la vieja baliza que al pasar a su lado nos indica que regresamos a puerto una vez más