martes, 21 de junio de 2011

Reflexiones del barón

Con un mojón se pretende marcar el límite de lo que no es de nadie. Y sobre las rocas de la costa plantan marcas de cemento que indican hasta donde pueden apropiarse los hombres de la naturaleza. Fútiles marcas tan endebles como las que dejan las pisadas sobre la arena, que sólo duran hasta que el agua del mar las borra alisando de nuevo la superficie húmeda de la playa. Cómo se puede adueñar uno del aire y la brisa, o de qué modo pretendemos apropiarnos del sol o las olas. Qué vanidad nos mueve a decir que somos los reyes del universo para usarlo a nuestro antojo si tan sólo ocupamos un átomo de su inconmensurable extensión. Quién nos ha engañado para pensar que somos capaces de ponerle barreras al océano o cercar las selvas y los desiertos o atrevernos a arrasar lo que nos da la gana arruinando el resto. La mar nos enseña cuales son nuestros límites verdaderos y nos restriega por las narices lo ínfimos y débiles que somos antes su enorme fuerza y poder. Y se la ve tan hermosa estando tranquila y tan majestuosa cuando se altera y agita sus aguas haciendo bramar al cielo. Las piedras que están a sus orillas saben bien cual es su empuje y sufren calladas los cambios de humor de la marea, que las castiga y hasta las quiebra desbastándolas incesantemente hasta molerlas en finas arenas que se unirán grano a grano arrastradas por su oleaje para formar la bella playa que tanto gozo nos da solamente con verla brillar bajo la ardiente luz de sol   

domingo, 19 de junio de 2011

Reflexiones del barón

Ciudad tan hermosa como antigua, pues una bella dama nunca es vieja aunque el paso de los años saqué a luz su decadencia y aflore ya cierto abandono en el aspecto. Roma, la pía y la mundana, tan santa como cortesana en otros tiempos y frívola y libertina con ansias de una vida dulce casi ayer, pero siempre deseada y pretendida por quienes la conocen o la sueñan. 



Cuna de un imperio y señora de un mundo diverso, que sin dejar de ser múltiple en muchos aspectos, culturas, pueblos y razas, supo unirlos en una misma civilización, sin olvidar el origen de sus gentes ni acabar con sus costumbres y mitos. Guarda aún parte del esplendor de su pasada hegemonía y mantiene el lustre de un nuevo estatus capitalino que la volvió a hacer poderosa contra quienes quisieron usurpar su dominio y privilegio de ser el centro de un poder que movió a su antojo el universo. 


Más que nada gusta especialmente ese barrio al otro lado del Tíber, que ardió hace muchos siglos para que un hombre megalómano y caprichoso pudiese edificar una ciudad nueva sin la miseria del suburbio; y que tan sólo construyó un gran palacio para ensalzar su propia gloria. Y la misma historia castigó su vanidad destruyendo esa domus áurea en cuyo lago se levantó más tarde un anfiteatro monumental que también vio su paulatino deterioro esa ciudad eterna. 





Ella, Roma, sabe resistir elegante y altiva los embates de la historia y renacer de nuevo con renovada juventud. Me siento a gusto en la serena o ruidosa Roma. Siento el abrazo de esa inveterada ciudad de la maternal loba que amamanta sin descanso a todos los que se cobijan bajos sus generosas ubres    

lunes, 13 de junio de 2011

Reflexiones del barón

Me gustó esa fuente de agua y no sólo por su colorido y la gracia de esas figuras femeninas que están tumbada en ella como jugando al corro. Me parece un acierto simpático y más profundo de lo que parece a simple vista la idea de que por los pechos les salga un chorrito que compite con el que también sueltan por la boca. Cada una es de un color y yo deduzco que son las cuatro razas en función de la tonalidad de la piel, negra, blanca, amarilla y cobriza o mejor dicho rojiza como se decía al describir el aspecto de los piel roja americanos. También creo o quiero pensar que esos brotes de agua limpia y cantarina son la representación de las virtudes que manan de la humanidad, o al menos las que pueden surgir cuando intentan o logran hacer algo con sentido común y la mejor intención posible. Y me gusta que sean mujeres de las que nace esa buena inspiración que puso el autor en su fuente. Es quizás una manera sensata de decir que ellas, en cierto modo, tiene la clave para que la tierra marche por buenos derroteros, pues es en sus vientre donde germina la vida y son sus senos donde se alimenta la esperanza de un futuro mejor. Aunque también los hombres deban ayudar a ello con sensatez y amor. Y como el agua que brota de esa fuente multicolor y tan graciosa, yo imagino un mañana más limpio y menos desgraciado para toda la humanidad, unida de una vez por todas sin diferencia de raza, cultura, religión o color. Un universo realmente generoso que acepte y proteja a todos por igual y reparta los muchos bienes que nos da la naturaleza  

miércoles, 8 de junio de 2011

Reflexiones del barón


Ellas no riñen ni pelean sino que juegan las dos y al divertirse juntas sienten una mutua atracción no sólo por empatía de carácter y sexo, sino también física. Corren y una persigue sin descanso a la otra pero sin intención de atraparla ni mucho menos causarle daño. 





Solamente lo hacen por el placer de gastar las muchas energías que tienen y darse el gusto de retozar juntas pasando bastante del macho que aparentemente ni las mira y se empeña en mordisquear un palo seco, sin sustancia ni gracia alguna. 


Y digo que tan sólo disimula pues, aunque no dé muestras de ello, el perro anda nervioso, quizás porque su hembra no le hace puñetero caso desde que apareció en escena la otra. 


Y dirá para sí "déjalas, porque las dos únicamente son unas simples perras". Mas no es eso lo que siente y teme que pasen de él y sigan jugando sin hacerle el menor caso.





Las dos bailan, pero al final van junto al macho y lo que desean de ese perro solamente es el palo que hasta ese momento mordía con cierta rabia para no ladrar y hacer notar su presencia. 



El muy bobo no se da cuenta que ellas le están tirando del temperamento para espabilarle las ganas de compartir con las dos el juego; o irse con una de ellas para gozar otros placeres, que también son un tipo de juego que deleita mucha más a quienes lo juegan con los cinco sentidos puestos en lo que deben hacer para que ambos jugadores gocen lo mismo y no solo una parte lo pase de dulce y la otra sufra o padezca las consecuencias sin sentir ese placer que convierte ese acto carnal en algo sublime    
                                                                                                                    

domingo, 29 de mayo de 2011

Reflexiones del barón

Se deslizan por un estanque de plata y son hermosos y están orgullosos de su atractiva imagen. Su plumaje negro les da un aire poéticamente sugestivo e incita a imaginar escenas e historias mágicas de una cierta perversión. En su elemento, el agua, son magníficos y sus movimientos tan gráciles y elegantes cautivan a quien los mira. Fuera de ese mudo, húmedo y de aspecto frágil e intemporal, su poca desenvoltura al andar solos sobre la tierra desmerece su gracia, pero incluso en ese trance que tan poco les favorece, mantienen una dignidad que los ensalza y recuperan su fantástica puesta en escena en cuanto inclinan su cabeza y arquean como nadie es capaz ese largo cuello por el que son famosas estas criaturas. Me recuerdan por su belleza y apostura otros seres, que sin dejar de ser hermosos por sí mismos, aumentan su belleza y mérito al verlos en ese espacio, que siendo ya parte de su naturaleza, otro, más fuerte que los posee y domina, ha creado para ellos para realizarse y alcanzar la plenitud de su mano viviendo junto a él. 


Ellos también exhiben su prestancia a quienes los miran. Y tan sólo con sus gestos y el aire de gozo que emana de su piel y trasmiten con sus ojos, logran que los deseen sin hacer nada por provocar en otros lo que solamente deben dedicar al ser por y para quien viven. Como los cisnes, nadan en una superficie cristalina de reflejos luminosos al amanecer el día o caer la tarde yendo hacía el ocaso del sol. Y si bien uno quizás prefiera aguas más gruesas y turbulentas, sobre las que deslizarse mostrando su vigor y la energía de su fornido cuerpo, y al otro le vaya más reposar en otras más tranquilas y sin peligros, ambos, con la luna, recobran un ansia desmesurada de vida y su plumaje se vuelve todavía más precioso con los destellos que la pasión de un amor sin barreras ni límites le da a su piel cuajada de gotas de placer para el deleite del amado y deseado señor de su existencia, cuyo presente y futuro está entre sus manos

lunes, 23 de mayo de 2011

Reflexiones del barón


Hoy sonó de nuevo la rutina y desperté otra vez a la vida ordinaria repitiendo lo habitual en cada mañana para empezar el día y afrontar el trabajo planificado desde antes de mi breve descanso en tierras más cálidas. 





Una tierra exuberante que rezuma riqueza y al mismo tiempo con grandes desigualdades. Casi un paraíso, hermosa y generosamente tratado por la naturaleza, que, sin embargo, como otros muchos países de este universo llamado tierra, no reparte sus frutos razonablemente entre quines la habitan, ni se porta con ellos de igual manera. Pero no por ello es menos bello su paisaje ni menos atractiva la estancia que ofrece al viajero. 

Me recibió una playa extensa, en cuyas arenas la gente corre y juega; y en una de sus esquinas unos jóvenes dominan las olas deslizándose sobre ellas con sus tablas. 

Todo parece contagiar vida y alegría, pero algunas veces la vista no quiere mirar ciertas miserias. Río es muy hermosa y dan ganas de quedarse allí contemplando el verde tono de las frías aguas del mar. 

Salvador necesita que la salven de perder su historia, pues la ciudad antigua se cae lentamente como si sus habitantes pretendiesen olvidar un pasado que es el origen de su propia idiosincrasia. Y es una pena que edificios coloniales o simplemente típicos de lo que fue en otros tiempos esa ciudad lleguen a perderse por el descuido, sustituyéndolos por grandes predios cercados y rodeados de verjas con alambres de espinos, que se yerguen orgullosos de espaldas a multicolores favelas. 

Mas el contrapunto a ese estado en que se encuentra A Bahía, es la gran urbe cosmopolita y asombrosamente imponente de Sao Paulo. La riqueza se encara con el visitante y el esplendor de una arquitectura diseñada para ser admirada te dejan fascinado; y ese ajetreo trepidante y vertiginoso de una ciudad en continuo movimiento te arrastra a participar de su gran hegemonía. 

En resumen, son lugares que hay que conocer e incluso ir más veces para no perder de vista la evolución de un país emergente lleno de posibilidades y enormes recursos de todo tipo. Y ahora hay que volver otra vez a las costumbres de este viejo continente y en concreto del país que me vio nacer 

domingo, 1 de mayo de 2011

Reflexiones del barón

Qué podría contaros hoy, mis estimados y queridos amigos. El tiempo se ha puesto mustio después de alegrarnos con el color y el brillo de un sol que anunciaba un verano luminoso. Pero ya se sabe que de un tiempo a esta parte la meteorología nos juega malas pasadas en cuanto nos confiamos un poco. Aunque por suerte en esta parte del mundo no se comporta con la dureza y rigor que hace temblar la tierra y arrastra cuanto encuentra a su paso con la fuerza de las aguas enloquecidas y salidas de sus cauces habituales. Aquí no padecemos esos cataclismos que castigan otras partes del mundo, pero no por ello dejo de sentir tales tragedias como si me afectasen tan directamente como a quienes las padecen y sufren sus consecuencias. Pero hablando de otras cosas menos tristes, diré que os dejo por unos días, pues me voy de viaje. 

Regresaré pronto a mi mundo y a mi casa otra vez, pero ahora parto hacia otras latitudes más tropicales que estas en las que vivo. Allí ahora es otoño, pero aún así el clima es benigno y se puede disfrutar del sol. Espero que no se nuble el cielo y llueva demasiado, pero aún en ese caso no me importa, porque no soy muy dado a tumbarme al sol como un bacalao puesto a secar. Lo mío son los paseos por la orilla de la playa o navegar en las aguas del mar y bañarme si el agua no está demasiado fría. Cosa que en mi tierra es lo frecuente y lo anormal es que se temple el agua de estas rías. 

Por eso me ilusiona ir donde el mar es más cálido y puedes sentir la caricia de las olas sin que se te ponga la carne de gallina ni se te ericen los pelos de frío. Aunque esa temperatura gélida también tiene sus ventajas y beneficios si tenemos en cuenta que gracias a ello este mar nos da el regalo de un pescado riquísimo y un marisco excepcional. Y lo que más me gusta es conocer y convivir con otras gentes y apreciar su cultura y costumbres. Y ver la espléndida naturaleza que nos ofrece ese continente situado a la otra orilla del océano Atlántico, tirando hacia el sur