jueves, 31 de marzo de 2011

Reflexiones del barón

Luces de un día a medio abrir rebotan en la marisma donde se juntan el mar y el río. Y el cielo, celoso de su amistad, quiere participar también de su compañía pero sin mojarse ni probar el sabor de la sal. Las nubes cubren con un humo dorado el azul que dejará que se muestre completo quizás más tarde, al avanzar la mañana y calentarla el sol. Ahora sólo cuenta la promesa de lo que traerá consigo esta jornada; y, sin embargo, el olor a primavera en el aire empuja a un sin fin de aventuras audaces. Qué atractivo está todo cuando se respira esta calma y todavía sabe a besos la boca. La piel ya no suda pero aún transpira la energía que da una noche de gozo. Y a media mañana ya luce el sol y se nota su calor y el de la sangre que pide y desea más amor. Qué bien se ven las cosas si estás contento y tu pecho recuerda la fatiga de una pasión desbocada. Cómo nos alegra ver la imaginada sonrisa de otras gentes, que quizás no muestren más que una mueca sin gracia, pero que nuestra ilusión nos lleva a verla de esa manera, sin pretender cuestionar la causa de la dicha o infelicidad ajena.
En un día así, hasta las gaviotas que revuelven la basura nos caen simpáticas y nos parecen menos sucias e impertinentes. E incluso no nos molesta que unas palomas tiren al suelo las patatas fritas que el camarero nos ha traído para tomar con la cerveza. Y eso que en otras ocasiones, si nos hacen lo mismo, nos acordamos de quien las parió y las espantamos a manotazos como si fueran criaturas inmundas. Pero hoy no. Hoy todo está teñido del color sosegado del contento y nada hará que esta mañana de primavera se estropee por unas patas más o menos 

martes, 29 de marzo de 2011

Reflexiones del barón


En las leyendas otomanas se habla de las camisas mágicas de los sultanes turcos. Se dice que los protegían contra el mal de ojo y los hacia más fértiles para procrear herederos, así como en las batallas se volvían invisibles y no sufrían el ataque de ningún enemigo. Eso cuentan las leyendas y también dicen que un joven príncipe perdió su derecho al trono frente a su hermano y murió desterrado en Italia, porque no se ponía su camisa mágica al no tener un agujereo para sacar la cabeza. Una camisa a la que no le habían hecho un cuello le costó a ese muchacho su futuro como sultán y poder seguir viviendo en Estambul, conquistada unos años antes por su padre. 
Y si fuese cierto que tales camisas conservadas en el palacio Topkapi fuesen realmente mágicas?. Seria bueno que pudiésemos tener una prenda tan virtuosa que nos protegiese del mal y nos diese una extraordinaria fuerza sexual?. Pero, así como tener una camisa de esa especie era un privilegio del sultán y sus hijos, seguramente ahora sólo la tendrían los más ricos, puesto que serian muy caras. Y pasarían por nuestro lado sin verlos, aunque ahora tampoco los vemos si ellos no quieren y no les hace falta una camisa especial para eso. Y si bien el dinero no les garantiza la salud, al menos se lo pone más fácil para conservarla; y en eso de la fertilidad también hay soluciones que remedan la inapetencia o la impotencia, además de cambiar de pareja oportunamente para evitar la apatía y la falta de aliciente erótico.

Pero para eso no hace falta ni una camisa con poderes ni ser un magnate. Hoy no es complicado aumentar el apetito sexual con agentes exógenos, ni tampoco cambiar de partener en la cama. Puede que con dinero las compañías sexuales sean más vistosas, pero no forzosamente mejores que las que puedan proporcionar los encantos personales de uno mismo; más si aún te adorna la juventud o todavía conservas algo de las gracias que tuviste antaño. Y de todos los dones de dichas camisas quizás el más apreciado por sus usuarios y codiciado por los envidiosos fuere lo de ese aumento de fertilidad, que no seria otra cosa que incrementar la lívido y la ganas de yacer con las hermosas prendas que adornaban el serrallo de esos poderosos sultanes.

Puede que el secreto sólo estuviese en cambiar de moza y hacer del acto sexual una novedosa aventura cada noche o a lo largo del día, según los casos y la intensidad de la lujuria del afortunado; siempre que se considere una suerte tener tanta variedad y facilidad para escoger quien ha de darte placer. Digo yo, ya que es posible que haya gente que eso de la promiscuidad no le guste en absoluto y a otras personas le mole cantidad ir de flor en flor como las abejas libando el néctar del deseo y la pasión exacerbada por el éxtasis del orgasmo perfecto, siempre soñado y buscado con ansia y hasta desesperación


viernes, 25 de marzo de 2011

Reflexiones del barón

Cuántas palabras se gastan hablando de libertad y que huecas suenan en boca de quien más las dicen para justificar muchas veces la represión sistemática de las ideas. Qué vocablo menos respetado y al que se cambia con frecuencia su sentido y se le encorseta a gusto del que más puede para acallar a quien discrepa de su opinión. A los oradores que gustan de discursos grandilocuentes, aunque vacíos de contenido y sobre todo de verdades e ideas grandes y generosas para el resto de la humanidad, les gusta alardear de demócratas y manejan este término con gratuidad y abusando de la paciencia ajena, con el descaro propio del que sabe que miente impunemente y le da todo igual con tal de mantener su situación de privilegio a costa de los incautos que lo escuchan. Son pájaros de presa en sus mejores momentos y carroñeros cuando declina su estrella; y en épocas electorales esto es demasiado para poder soportarlo sin chillar y levantar la mano para arrearles cuando menos unos capones detrás de las orejas. Y qué bien les sentaría a estos tipejos que les ajustasen las cuentas y les tapasen la bocaza haciéndoles un nudo con su misma lengua mendaz. Cuántas memeces dejaríamos de escuchar o leer y que ahorro de mala leche tendríamos el resto de los pobres sufridores de sus manejos y de esa sarta de invenciones que no resisten el menor análisis para no caerse por su mismo peso; pero que dañan y corroen más de lo que imagina quien las suelta irresponsablemente al pronunciar su perorata interesada y banal. La libertad ya vive demasiado condicionada para ser libre de verdad. Y nadie hace nada para rescatarla de su fatídico destino ni liberarla de esas manos que la manipulan sin el más mínimo recato ni vergüenza

miércoles, 23 de marzo de 2011

Reflexiones del barón

No soy quien para juzgar a otros, pues todos llevamos nuestras glorias y miserias, con orgullo las unas y soportando el peso sobre los hombros de nuestros pequeños o grandes fracasos sociales o personales; y estos últimos son los que más nos atormentan y marcan nuestras caras con unos surcos tan profundos como importantes hayan sido para nosotros. Al pasar el tiempo y mirar atrás, nos parece que aquellos problemas de juventud fueron niñerías intranscendentes ahora, pero no somos justos al pensar de ese modo, pues a esa edad, donde todo se ve diferente cada día y el mundo es algo que descubrimos minuto a minuto, para bien o para mal dependemos de esas experiencias y vivencias que vayamos encontrando y aún no siendo definitivas realmente, porque en ese tiempo somos flexibles y fácilmente moldeables por la influencia de otros, perfilarán nuestro carácter lo mismo que el ejercicio y el deporte van esculpiendo los músculos y rasgos que forman nuestra figura. Cuando uno es muy joven, la mente puede agrandar y desorbitar las cosas más simples, o minimizar las más transcendentales, cuestionando frecuentemente cualquier dogma u opinión tenida por axioma indiscutible. 

Cuando la vida se extiende más allá del entorno familiar y nos damos cuenta que el universo nos envuelve sin permiso y hasta puede darnos la impresión que nos resulta ajeno y contrario a nuestros gustos e ilusiones, ese corazón, intrínsecamente generoso por naturaleza, se va cubriendo de capas que lo impermeabilizan contra muchas decepciones, pero que no impedirán jamás que no lleguen a herirlo las más fuertes y dolorosas. Y estas suelen ser las que causa el amor, que cuanto más tempranas sean peores consecuencias producen en el alma de ese ser joven que ve traicionados sus ardientes sentimientos por una pasión no correspondida. Se dice que la juventud es bella y lo es por principio; pero también puede ser dura y hasta trágica si alguien más formado no le presta ayuda a tiempo a ese fresco brote de existencia que se enfrenta a una vida desarraigada u hostil. Mas en cualquier caso ese estadio de la persona que comienza a gozar los placeres y a notar que su sangre reclama la esencia de todo conocimiento psíquico o carnal, siempre ha de ser emocionante, único e irrepetible para que, por lo menos, podamos recordarlo cuando el tiempo vaya borrando todo lo demás que nos hizo bailar de alegría entonces o más tarde   

lunes, 21 de marzo de 2011

Reflexiones del barón

Hay poetas que dicen y cantan que están sin rumbo en la vida, pero yo digo que eso suena bien pero no es cierto casi nunca. Todos tenemos un rumbo prefijado por nosotros mismos, sin perjuicio de que cambiemos la deriva si no nos seduce el destino marcado. Y si no lo señalamos nosotros en la carta, será otro o varios los que a lo largo de la vida vayan determinando las etapas de nuestro viaje. Lo haremos con más o menos bagaje de experiencias y recuerdos, pero iremos recorriendo los estadios necesarios para llegar a esa meta que nos han establecido o que nuestro libre albedrío eligió un buen día. Aunque de todos modos creo que la amenidad del camino depende en gran parte de nosotros mismos y de como nos preparemos y pertrechemos para hacerlo, puede ser un paseo agradable o una carrera con esfuerzo y sudando a mares; o simplemente el recorrido pausado de una ruta siempre con altibajos y partes difíciles de solventar sin ayuda de otros caminantes mejor provistos que nosotros para ese viaje. Y quizás hoy, que a todas partes llegamos en menos tiempo, no tardemos menos sino más en llegar al destino; y aunque nos coma la prisa para todo, incluso para lo intranscendente, para acabar de andar este complicado sendero nadie tiene prisa alguna; y nos gustaría que fuese infinito y sin término ni próximo ni lejano. 

Puede parecer una paradoja pero nada más lejos de ello, pues precisamente nuestras prisas y afanes de andar corriendo por todo se debe a un intento de asegurar el recorrido más largo posible a este viaje esencial. Como si fuese posible invertir los términos de un contrato de cláusula desconocidas de ante mano, formalizado tácitamente por la vida sin contar con nuestra aprobación ni opinión sobre la duración y contenido del mismo, que sólo conoceremos en el instante de entregarnos el finiquito con la consiguiente liquidación de haberes, deberes y obligaciones, puesto que derechos, lo que se dice derechos, eso sólo es para unos pocos que de entrada ya lo tienen todo o lo adquieren a costa del resto y sin pararse en barras ni contemplaciones metafísicas o hasta cierto punto morales; y no me refiero al concepto de moral que defiende la burguesía más acomodada, sino a otra idea que tiende más a la libertad plena sin causar mal ni daño al prójimo ni coartar sus deseos o preferencias de vida y conducta personal poniendo un exquisito respeto por las individualidades y diferencias ajenas

viernes, 18 de marzo de 2011

Reflexiones del barón

Está despuntando el día y la primavera ya se asoma a nuestras vidas otra vez. Sobre los redondeados montes como senos de hembra, se ve una franja de luz en tonos rosáceos que tiene prisa por ser dorada y tornarse más clara a cada minuto que pasa, para confundirse con el azul del cielo limpio y despejado conque amanece hoy. El agua del mar compite en frescura con el aire, que la peina para estar más hermosa y presentable a nuestros ojos, y permite a su vez que sus riveras se miren en ella, que va cambiando con el tono del cielo que se refleja en su superficie reluciente y tranquila tras la noche sosegada que ha pasado con la luna y las estrellas. Pronto el sol lucirá en plenitud y calentará el día y hará que la mar se vista de azul fuerte, dejando el matiz algo grisáceo y blanquecino que tiene ahora. 

El tren avanza y nos acompaña durante casi todo el trayecto esta preciosa ría que baña esta arcaica tierra de piedras grises y recias entre miles de verdes que suavizan la dureza de su entraña. Vamos bordeándola despacio, o al menos a mi parece que no corremos demasías aunque ahora todo sean prisas, y a cada paso o tramo de vía se aclara más este día que ya es casi de primavera. Pero dentro del vagón no escucho los pájaros que seguramente saluden la mañana, ni huelo las flores que veo en el campo; y siento que voy solo, aunque haya más gente en este tren que me lleva sin ruido ni tirones bruscos. También creo que, con el tren que va a detenerse en una de sus paradas, mi ser y mi vida se relentizan de igual forma, mas sólo es una falsa impresión, pues al arrancar de nuevo se acelera mi pulso y veo el agua del mar con más brillo que antes de habernos detenido. Será acaso que ya está influyendo en mi sangre la primavera?. O solamente es producto de no haber despertado del todo hasta sentir el leve tirón del tren al arrancar otra vez?. Puede que se esto sólo, pero ahora quiero pensar que mi alma y mi cuerpo sentirán por siempre que llega la primavera y notaré su influjo en mis venas y hormonas, al menos mientras mi tren siga su marcha hasta la estación término de mi viaje 

jueves, 17 de marzo de 2011

Reflexiones del barón

Parece absurdo pretender dominar el mundo cuando no podemos con las fuerzas que se desencadenan en el interior de la tierra y mucho menos con la inercia del universo, que nos acoquina en cuanto nos paramos a pensar lo poco que somos dentro de su inmensa e infinita grandeza. La naturaleza, con más severidad y frecuencia de la esperada, nos sacude y tira de las orejas recordándonos que no somos nadie y ante ella valemos menos que una boñiga seca. Y vemos los efectos de esa madre tan bella y generosa, pero a veces cabreada, que nos vapulea y zarandea como quiere y sin piedad mata y destroza cuanto le sale al paso o encuentra por medio en su delirio de destrucción. Si ni siquiera una potencia económica, con una ciudadanía cívica y disciplinada, supuestamente preparada para tales eventualidades ha podido reaccionar y evitar el desastre, yo me hago cruces temiendo lo que pasaría y de hecho ocurre cuando le toca a otros países sufrir las consecuencias de la ira desatada de los elementos.

Me tiembla el alma al ver tales escenas de trágicas consecuencias y quiero imaginar el dolor y la frustración de un pueblo brutalmente herido y castigado por la enérgica convulsión de esta esfera que llamamos tierra y sobre la que levantamos los pies del suelo y perdiendo la noción de nuestra propia realidad solemos creernos alguien. Y solamente somos unos mamíferos más erguidos que los monos, más sobrados de vanidad que los pavos reales y con menos paciencia para aguantarnos unos a otros que una avispa dentro de un avispero que no es el suyo. Y al ver la tragedia ajena temblamos y querríamos proteger y evitarles males a esas víctimas infelices que lo pierden todo, pero qué pronto se nos olvidan sus pesares en cuanto pasan unos días y la vida nos vuelve a meter en su rueda incesante de nuevos acontecimientos, sean faustos o infastuos de otra vez, que casi es lo corriente. 

Pero quizás sea así la verdadera condición humana y se defienda acorazando los sentimientos contra las penas, simplemente para poder sobrellevar la carga diaria de la existencia en si misma. Aunque, de todos modos, a mí me gustaría que esa preocupación por lo ajeno durase algo más de lo que la noticia ocupa la cabecera de los diarios informativos, que nos la meten por lo ojos a pesar de que los tengamos cerrados