A veces nos surge una idea como un relámpago que destella en la noche del pensamiento e ilumina por un instante la apatía y la desidia del cerebro por esforzarse en imaginar algo distinto y más emocionante que el normal acontecer de las horas, sin otra cosa que vernos el ombligo inclinando más o menos la cabeza, según nos impida la visión nuestra tripa. Parece que ese remate no demasiado estético, pero que puede ser sugestivo y hasta erótico, sea el centro del universo para contemplarlo tanto y olvidar que en nuestro entorno hay otros seres con problemas y preocupaciones mucho más grandes que las nuestras. Sin embargo, todo lo reducimos a nuestro mundo pequeño y concretado en nosotros mismos, como si todo lo demás no nos afectase lo más mínimo, evitando implicarnos demasiado en el universo exterior que se aleje dos pasos de nuestro redondo centro de atención. Es como un botón, en unos casos sale hacia fuera y en otros se mete para adentro en un hoyuelo que hasta resulta simpático y nos gusta meter el dedo y apretarlo, ya sea el nuestro o el de otros. Incluso para hacer una gracia o cosquillas le tocamos el ombligo a alguien. Pero sólo es eso. La cicatriz que nos queda después de separarnos del claustro materno. Y no tiene más significado, aunque nos recuerde ese estado previo a la vida exterior. Pero de ahí, a que lo asimilemos al orbe, hay una gran diferencia. El ombligo sólo es un ombligo y el orbe es mucho más que nuestra persona miércoles, 22 de diciembre de 2010
Reflexiones del barón
A veces nos surge una idea como un relámpago que destella en la noche del pensamiento e ilumina por un instante la apatía y la desidia del cerebro por esforzarse en imaginar algo distinto y más emocionante que el normal acontecer de las horas, sin otra cosa que vernos el ombligo inclinando más o menos la cabeza, según nos impida la visión nuestra tripa. Parece que ese remate no demasiado estético, pero que puede ser sugestivo y hasta erótico, sea el centro del universo para contemplarlo tanto y olvidar que en nuestro entorno hay otros seres con problemas y preocupaciones mucho más grandes que las nuestras. Sin embargo, todo lo reducimos a nuestro mundo pequeño y concretado en nosotros mismos, como si todo lo demás no nos afectase lo más mínimo, evitando implicarnos demasiado en el universo exterior que se aleje dos pasos de nuestro redondo centro de atención. Es como un botón, en unos casos sale hacia fuera y en otros se mete para adentro en un hoyuelo que hasta resulta simpático y nos gusta meter el dedo y apretarlo, ya sea el nuestro o el de otros. Incluso para hacer una gracia o cosquillas le tocamos el ombligo a alguien. Pero sólo es eso. La cicatriz que nos queda después de separarnos del claustro materno. Y no tiene más significado, aunque nos recuerde ese estado previo a la vida exterior. Pero de ahí, a que lo asimilemos al orbe, hay una gran diferencia. El ombligo sólo es un ombligo y el orbe es mucho más que nuestra persona martes, 21 de diciembre de 2010
Reflexiones del barón
Se dice que existe la eternidad y no sabemos si merece la pena que algo dure por los siglos de los siglos. Hasta ahora sólo vemos que permanecen los restos de algo que fue grande y tuvo su gloria. Y quizás lo que sí se mantenga, aunque bajo otra forma, sea la belleza de lo que otras hicieron antes que nosotros. Porque unas ruinas tienen su encanto y mantienen su grandeza e impresionan. Bueno, nos asombran y pasman a nosotros los animales que alardeamos de pensar, puesto que para un pájaro únicamente les sirven para posarse sobre alguna columna rota y descansar un rato. Luego emprenderá el vuelo hacia otras piedras, pero estoy seguro que si encuentra uno cerca preferirá un árbol. De todos modos debe ser bonito verlo todo desde esa altura y darse cuenta de lo relativo y hasta pequeño que pueden ser las cosas. Y más esos otros seres que camina sobre el suelo sin poder elevarse hacia las nubes. Y eso si es relativo, aunque ese pájaro no lo sepa. Puesto que la belleza de una idea o un sueño también nos levanta los pies del suelo y volamos con la mente tan alto como las aves. Y hasta podemos parecer tan hermosos y perfectos como una venus siendo sólo simples mortales
lunes, 20 de diciembre de 2010
Reflexiones del barón
Sin amor, quizás el mundo no sería posible. Pero sin sexo, resultaría insufrible. Y por más que los poetas de todos los tiempos hayan cantado al amor limpio e inocente, en la trastienda del pensamiento humano, desde siempre, estaba el sexo puro y duro. Y de nada sirvió ni vale que las corrientes dominantes en las generaciones que poblaron y ocupan la tierra digan otras cosas. Ni tampoco lo que predican quienes proclaman las virtudes de esas creencias religiosas, adecuadas indefectiblemente al poder establecido, logran acabar con el gusto erótico. Y aunque hayan degradado o vituperen y hasta demonizado y condenen las prácticas sexuales de todo tipo y especie, primando el contrato formal de una pareja mixta, en cuanto al sexo y no respecto al estrato social de procedencia o raza, que tampoco incluye forzosamente el sentimiento amoroso en la pareja, de puertas adentro y sin mucho recato en muchas ocasiones, los humanos han gozado el sexo por el sexo entre mujeres y hombres, mujeres solas sin precisar ningún pene erecto ni testículos, y bastantes hombres entre ellos, sin vaginas ni mamas exuberantes, pero buscando un órgano viril lo más grande posible para darse gusto en el recto o un ano jugoso y apretado para usarlo a modo de coño casi fresco. Y ha sido así, lo es y lo será siempre en contra de lo que otros quieran o les guste. Pero el amor existe para salvar al mundo, ya sea con o sin sexo. Aunque sin sexo creo que pronto se muere. Y el acto sexual sin amor, dura lo que dure el calentón, pero puede saber muy rico
domingo, 19 de diciembre de 2010
Felices fiestas
Quiero desear felices fiestas a quienes leen esta pagina y espero que el año 2011 nos traiga lo que desde siempre deseamos los seres pacíficos y solidarios con los demás. Que de una vez por todas la paz sea con nosotros, reine la tolerancia, y se acabe con la miseria, el abandono y la desigualdad. Y que en este año que entra sean los menos ricos los que también tengan motivos para reír.
sábado, 18 de diciembre de 2010
Reflexiones del barón
Esta mañana me desperté y todavía olía a ti mi cuerpo. Olía a sexo y a tu sudor. Despedía el calor que te robé durante toda la noche apretándote contra mí y rozando tu piel con la mía hasta quedar pegados y fundidos los dos para deshacernos y derretirnos de gusto. Todavía queda alguno de tus cabellos en la almohada, porque tiré de tu pelo cuando más gozaba contigo y te arranqué un par de ellos, como te arrebaté también la semilla de vida que guardas en tu cuerpo. Pero tu te llevaste la mía y ahora recuerdo ese instante y me caliento otra vez y quiero tenerte de nuevo. Ven. Vuelve a la cama todavía tibia y tiéndete a mi lado para recorrer tu figura con mis ojos y mis labios. No laves los restos que aún te impregnan y quédate conmigo más tiempo. Me gusta notar esa humedad que brota de ti y que embota mi nariz y mi cabeza, logrando que sólo piense en ti y quiera estar así hasta que termine otra vez el día. Y al volver la noche, seremos uno otra vez para dormirnos juntos sin poder separarnos hasta el amanecer
viernes, 17 de diciembre de 2010
Reflexiones del barón
La flor busca la luz para mantener su color y su lozanía, pero también el exceso de sol la mustiará mucho antes si el calor es fuerte. Necesita agua para renovar su savia y crecer hermosa, pero si la riegan demasiado la ahogan y muere antes de tiempo. Nos pasa lo mismo que a la flor si en vez de amar con el intelecto, cultivando la fibra sensible del alma, lo hacemos sólo con los sentidos del cuerpo sin arriesgar el corazón. Pues al abusar de ellos sin un sentimiento fuerte y sincero, nos empachamos de tanto ardor y el amor se apaga en lugar de arder con más fuerza. Y de tanta humedad pringosa, se anega el deseo y puede que mucho antes de lo previsible ya hayamos sumergido la pasión en el tedio y la rutina de practicar el sexo sólo por costumbre, o lo que es peor, por obligación. Y entonces resulta un aburrimiento sin ilusión ni fantasía. Y como la flor, pierde el color y se va marchitando, porque ya carece de la energía necesaria para vivir y seguir siendo hermoso como fue esa flor antes de perder su lozanía y su gracia
jueves, 16 de diciembre de 2010
Reflexiones del barón
Me aprieto contra ti y tú me dices que te ame. Y yo te respondo que te amo desde que te conocí. Pero insistes y me dices, ya sabes lo que te pido. Y contesto sí, lo sé, pero quiero que lo digas y note en tus palabras ese deso que me excita al oír como me reclamas y ansías la caricia de mi cuerpo sobre el tuyo. Cómo deseas notar la fuerza de mi sangre dentro de ti. Por eso quiero escuchar esa frase que intuyo pero tú me escamoteas al decir solamente que te ame. Y te amo. Naturalmente que te amo aunque no te haga el amor. Pues eso sólo es la consecuencia del deseo y la enajenación que me causas al verte y percibir el fuego que te quema el vientre. Al estar tan juntos, hueles a mí y yo a ti, pero la mezcla de ambos olores es uno nuevo, porque huele a pasión, mezclada con una fuerte dosis de lujuria y la esencia incorpórea de una inminente sensación de alcanzar el éxtasis. Yo la llamaría fragancia de ambición por ser felices y estoy dispuesto a verterla sobre toda tu piel para emborracharnos con ella, hasta que un haz de luz nos avise que llega el amanecer y aún no hemos cerrado los ojos para soñar con volver a gozarnos aún dormidos
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