martes, 23 de febrero de 2010

Capítulo V

Quise dedicar el capítulo anterior a la peña de amigos que tenemos en Madrid. Y ahora me toca hablar de uno muy especial que conocimos en Fontboi siendo él muy joven y a quien los tres tenemos un particular cariño. Me refiero a Germán, el chaval que se hizo nuestro amigo jugando en el río cercano al pazo de mi apellido, cuando tan sólo contaba dieciséis años y unas ganas de vivir que le salía por todos los poros de su rubia piel. Entonces era un típico mocito gallego, robusto y rubicundo, como tallado en una sola pieza de madera de boj. Vivaracho, inocente y simpático, hablaba sin decir palabra con sólo leer en sus ojos, claros y redondos, de mirada destelleante de alegría y abiertos al mundo que constituía su entorno. Yo lo encontraba la mar de gracioso con sus mejillas pecosas flanqueando una nariz pequeña y de punta redonda que le daba un aire más infantil del que correspondería a su edad.

Hoy día ese muchacho ya tiene más de un cuarto de siglo, y sin embargo, en lo fundamental sigue siendo el mismo chaval que conquistó nuestro corazón en aquel entonces. Germán es sencillamente especial y siempre lo hemos considerado un hermano menor al que queremos casi como si fuese el fruto de nuestro triple matrimonio; y desde luego él nos quiere a los tres como si talmente así fuese.

Es normal que ya no sea tan inocente como en aquellos tiempos; mas en el fondo es tan buena persona que sería incapaz de hacer mal a nadie. Es mucho más vulnerable de lo que él mismo se imagina y por eso todavía nos da miedo dejarlo totalmente a su aire sin darle los consejos oportunos en cada ocasión. La primera vez que vino a Madrid parecíamos las típicas cluecas preocupadas por si le ocurría algún mal a su polluelo. No lo dejamos ni a sol ni a sombra; y mucho menos en los antros de perdición que le ofrecía la noche madrileña. Es bien cierto que cuanto más golfos somos más miedo tenemos por los jovencitos que no nos son ajenos. Pero es ley de vida, ya que nunca usamos la misma vara para medir lo nuestro y lo de los demás.
Efectivamente, tal y como anuncié en la primera parte, nada más alcanzar la mayoría de edad lo invitamos a venir a Madrid y pasó el resto del otoño con nosotros. Esa es una de las temporadas más prolijas en acontecimientos sociales y grandes eventos culturales en la villa y corte, y Germán quedó deslumbrado por la frenética actividad de la gran ciudad. Llegó por la mañana en el tren procedente de Galicia, y fui yo a recogerlo a la estación, ya que ni Paco ni Gonzalo disponían de tiempo para ello. Saltó del vagón nada más detenerse el convoy y la agitación se le traslucía en la cara, mezclándose con una nerviosa sonrisa de alegría y expectación. En cuanto me atisbó en el anden aceleró el paso y se lanzó a mi cuello plantándome un par de besos, y lo retuve unos instantes abrazado por la cintura dándole luego, como de costumbre, una palmada cariñosa en el trasero. El chaval no había desayunado y tenía hambre, pero preferimos ir directamente a casa para dejar el equipaje y poder salir un rato por la ciudad después de que Charo, nuestra eficiente cocinera, le preparase algo para mitigar su apetito.

Germán no le prestó gran atención a la suntuosidad de nuestra morada, pero sí a las viandas servidas por Román (cuyo oficio en la casa no me atrevo a calificar como de mayordomo), y mientras comía con unas ganas envidiables, yo me interesé por lo que pudiera haberle sucedido desde la última vez que habíamos estado en el pazo a finales del verano. En líneas generales no le había ocurrido nada digno de mención, dado que la vida en el pueblo no es lo que se dice demasiado sorpresiva, pero me dejó sin respiración cuando de sopetón, sin previo aviso y estando desprevenido, me dijo:

"¡Ah!. Lo que ya perdí es la virginidad"
"¿Qué?". Exclamé atónito.
"Eso. Que ya no soy virgen"
"¿Y eso cómo fue?". Seguí diciendo yo, totalmente descolocado.
"Pues, no sé"
"¡Pues si tú no lo sabes, haber quien lo va a saber!". Le interrumpí un poco molesto por el inesperado notición.
"Bueno..... Como todo el mundo, supongo". Contestó.
"Ya.... Me imagino lo que hiciste. Pero cómo y con quién es lo que te pregunto yo"
"Pues fue con un chaval del pueblo"
"Quién". Inquirí.
"Un hijo del Alcalde"
"¿Del Alcalde?"
"Sí.... El más joven de los tres"
"¿Pero no es muy joven?"
"Más o menos como yo. Cumple dieciocho en primavera"
"¡Mira!. Nació con las flores. ¿Y cómo se llama la prenda?"
"Jacinto"
"¡Lo dicho!. Tiene nombre de flor el muchacho. ¿Y quién desfloró a quien?". Volví a preguntar.
"No entiendo lo que dices"
"Sí lo entiendes. Sabes de sobra lo que te pregunto. ¿Quién de los dos fue el causante del jolgorio?"
"Los dos". Respondió sin vacilar.
"¿Y cuando fue?"
"Unos días después de que os vinieseis a Madrid"
"¿Ya os conocíais?"
"¡Hombre!. En el pueblo todos nos conocemos, pero hasta entonces no era amigo mío"
"¿Osea que ahora sí sois amigos?"
"¡Claro!.... ¡Me gustó mucho lo que hicimos!. Y a él también"
"¿Y cómo fue la cosa?". Pregunté algo más repuesto del primer impacto.
"Pues, estaba yo en una de las huertas de mi padre, que lindan con el camino que va al río, y pasó Jacinto en bañador, montado en bicicleta, y me miró; y yo también lo miré. Y él, volviendo la cabeza, me miró varias veces hasta que dobló un recodo y ya no pude verle. Al mirarlo y ver que él también me miraba, se me empinó la picha y no pude resistir la tentación de ir al río para volver a verlo"
"¿Y esta vez no fue sólo con el sol?". Comenté sonriendo.
"No.... Bueno, cuando os conocí a vosotros tampoco era sólo con el sol"
"Ya lo sé. Pero ya ves que esas cosas resultan normales en casos como el nuestro". Le aclaré yo. "Pero sigue contando. ¿Qué pasó luego?". Insistí.
"Pues que me fui al río y allí estaba él"
"Solo, claro"
"Claro.... ¿Con quién iba a estar?"
"¡No sé!. ¿Acaso no tiene amigos?"
"Sí. Pero ese día iba solo al río". Me aclaró Germán.
"¿Y qué más?". Seguí insistiendo en conocer la historia del primer polvo de Germán.
"Pues me acerqué hasta donde estaba tumbado y le saludé como si fuésemos amigos desde niños"
"¡Qué directo!. ¿Y él que hizo?"
"Me saludó también"
"Bueno. Al fin y al cabo os conocéis desde que erais pequeños"
"Sí. Pero nunca nos habíamos hablado antes"
"Bueno, es igual.... Al grano. ¿Cómo se lió el asunto?". Corté yo impaciente por conocer los detalles.

"Me senté a su lado y empezamos a hablar. Primero de cosas del pueblo y así. Después hablamos de lo que nos gustaba y lo que sentíamos a veces cuando estamos con otra gente. Y también solos, claro. Luego nos quedamos callados y solamente nos miramos. Entonces, él bajo la vista y yo miré sus piernas; y ya tenía otra vez el rabo tieso formando un pico en mi pantalón. Jacinto se dio cuenta y también se le puso dura. Pero a él con el bañador se le notaba más. Levantó la cara y me sonrió; y yo le dije que iba a desnudarme y a meterme en el río. Y así lo hice. Me quité la ropa y corrí hasta el agua con la polla hinchada como una bota"
"¿Y él?"
"Se levantó y también se echó al agua"
"¿Desnudo o con el bañador?"
"Desnudo". Contestó Germán.
"¿Y después?"
"Nadamos y también jugamos como cuando voy al río con vosotros. Me gustó mucho cogerlo dentro del agua y abrazarlo con todas mis fuerzas. En una de las veces le di un beso en los labios y él me dio otro más largo, metiéndome la lengua en la boca, y yo creí morir, porque el estómago se me encogía y no podía pensar en otra cosa que no fuese tocar y besar a Jacinto en todas partes, como tú haces con Paco y Gonzalo"
"¿Y cómo sabes lo que yo hago con Paco y Gonzalo?". Le dije haciéndome de nuevas.
"Porque os vi un día antes de hacernos amigos"
"¡Ah sí!. ¿Y qué viste?". Le pregunté fingiendo sorpresa.
"Todo"
"¿Todo, todo?"
"Todo"
"Vale..... Sigue."
"Salimos del agua, y corrimos hasta donde estaba la toalla de Jacinto tirándonos los dos sobre ella boca abajo. Apoyamos las caras mirándonos el uno al otro y nos besamos despacito, rozándonos suavemente la boca, y yo continué por las orejas y el cuello hasta cubrirlo de besos desde la cabeza a los pies. También le abrí el culo y le di con la lengua como hiciste tu aquel día con Paco y Gonzalo"
"¡Ya veo que saliste un buen alumno!. ¿Y qué más?"
"Luego, él se dio la vuelta y me recostó viendo para arriba, besándome también por todas partes; y, sobre todo, alrededor del pito y los huevos. Me hacía cosquillas, pero me subía una cosa por dentro que no puedo explicar. Me daban escalofríos por la espalda; pero me encantaba aquella sensación al notar sus labios cerca de mi polla. No pude aguantar más y le cogí la cabeza con una mano, mientras que con la otra se la metía en la boca deseando que me la mamase. Jacinto se quedó quieto con ella dentro, y, después de unos segundos, comenzó a chuparla despacito, sacándola unos instantes para lamerla con la punta de la lengua, y se fue animando hasta apretarla con los labios succionando como si quisiese sacarme toda la leche acumulada en mis cojones. No pude resistir mucho tiempo y se la saqué de la boca cuando ya me corría; y sin poder evitarlo le salpiqué toda la cara. Me dio corte aquello y le pedí perdón, pero él me dijo que no le importaba. Y la verdad era que él también se había corrido al ver que yo lo hacía en su cara"
"¡Qué fuerte el chico para ser primerizo!". Comenté. "¿Y eso fue todo?"
"No"
"¿Hubo más?"
"Sí. Después de eso volvimos a bañarnos, y luego nos tiramos sobre la hierba hablando de lo que habíamos hecho y de aquellas otras cosas que soñábamos hacer cuando nos masturbábamos. Yo le dije que no pensaba nada en particular, sino que deseaba estar desnudo con otros hombres para tocarlos y besarlos y que ellos me acariciasen y besasen también. Y le pregunté que le gustaba a él, y me dijo que lo que habíamos hecho le había gustado mucho. Pero lo que más deseaba era que se la metiesen por el culo. Siempre que se masturbaba se imaginaba que un tío lo follaba y se corría sólo con pensarlo. Entonces me preguntó si a mí me apetecería hacerle eso y le dije que sí. Que eso era lo que más me gustaría hacer con él. Volvimos a abrazarnos, besándonos otra vez, y comencé a recorrer su espalda con mis dedos como le hacías tú a Gonzalo con la lengua"
"¡Joder!. No perdiste detalle". Comenté yo.
"Luego empecé de nuevo otra vez, pero con los labios, y al llegar al culo se lo abrí y le metí la punta de la lengua en el agujero, lamiéndoselo después como si fuésemos perros y él tuviese una herida allí. Jacinto abrió más las piernas, moviéndose hacía los lados, gimiendo y pidiéndome que siguiese haciéndole aquello, pero le escupí dos o tres veces en el ojo del culo, untando bien los bordes, y ascendí por su espalda hasta colocar la polla en la misma entrada. Dio un respingo y, aplastándolo con mi cuerpo, calqué inmediatamente hacia dentro hasta notar como se la iba clavando. Jacinto dio un grito apretando los puños y yo la saqué rápidamente creyendo que le había hecho daño. Le pregunté si le había dolido y contestó que sí. Mucho, me dijo. Me quité de encima, pero él me pidió que volviese a intentarlo más despacio. Le lamí más el culo y lo intenté de nuevo. Y esta vez presioné más despacio; y al segundo intento el pito se metió todo entero como por arte de magia. Jacinto se quejó menos que la primera vez, pero aún le dolía. Sin embargo, en cuanto la moví un poco noté que le gustaba; y yo comencé a sentir un hormigueo hasta la nuca que me estremecía pero que deseaba que no cesase nunca. Lo malo es que no duró mucho. En cuanto empecé a hacérselo rápido nos corrimos enseguida los dos"
"Y todo eso sin preservativo". Le recriminé al muchacho.
"No teníamos. ¡Pero además ni él ni yo lo habíamos hecho nunca!"
"Eso no importa. No debes hacerlo jamás sin una goma. ¿Y si te engañó y no era la primera vez que ponía el culo?. ¿Cómo sabes que era realmente virgen?"
"Porque me lo dijo. Y además no tenía porque engañarme"
"¡Qué inocente eres chaval!. ¡Aquí ni se te ocurra hacer lo mismo con nadie!. ¿Me oyes?. ¡Desde luego no será por las veces que te lo hemos dicho!"
"Ya lo sé. Pero con Jacinto es distinto. Él era virgen y lo tenía muy pequeño. ¡Apenas le entraba un dedo!. ¡Y le dolió mogollón cuando se la endilgué!. ¡Y en eso no mentía!. ¡Si lo sabré yo!"
"¡Allá tú!. ¡Tú verás lo que haces!"
"Te prometo que no vuelvo a follar sin condón. ¿Vale?"
"Ni con Jacinto"
"Bueno. Aunque Jacinto me prometió que no follaría con nadie más que yo"
"¿Ya con promesas en el primer polvo?"
"En el primero no"
"¿Entonces hubo más?. ¡Eres una máquina tío!. ¿Te lo volviste a trajinar otra vez?"
"Sí"
"A pesar de lo que le había dolido?"
"Hombre ya se le había pasado el dolor"
"¡Qué rapidez de recuperación!. En total, ¿cuántos fueron aquel día?"
"¡Sólo uno!. El que te conté"
"¡Ah!. ¡Osea que os volvisteis a ver otro día!. ¿También en el río?"
"En el río y en otros sitios"
"Entonces no fueron dos veces, fueron más"
"Sí. Varios hasta que me vine aquí. Ayer echamos los últimos cuando nos despedimos. Y entonces me dijo que sólo follaría conmigo y que estaba enamorado de mí"
"Primero déjame cerrar la boca y ahora dime, ¿cuánto tiempo estuviste beneficiándote al niño del Alcalde?"
"Pues dos o tres veces al día desde que ligamos y hasta ayer por la tarde que fue el último"
"¡Chingasteis como descosidos!. ¡Joder que cabrones!. ¡Menudo aguante tiene la pequeña del Alcalde!. ¡Y eso que era virgen!. ¡Y a ti ya te llega, macho!. Aquí ya puedes ir moderándote, o terminamos llevándote a La Paz para que te recuperes del desgaste. ¡Joroba con Germancito!. Te van a llamar el pollón de oro, guapo. ¡Cómo se entere Carlos!. Te secuestra y no te volvemos a ver. De lo que me has contado ni una palabra a nadie. Excepto a Paco y Gonzalo, claro"
"Yo sólo os lo cuento a vosotros, pero a los demás no tengo por que decirles nada. Y Jacinto no es ninguna niña. Es todo un tío. Y además tiene un aire contigo. Y yo creo que también estoy enamorado de él"

¡Y cómo no va a tener un aire conmigo, si a la bisabuela de su padre se la pasaba por la piedra mi bisabuelo!. Y además, según dicen los viejos del lugar, todos los hijos de la buena señora eran de mi ilustre antecesor y no de su marido, que era su administrador. ¡Normal que Jacinto tenga un aire de familia!. Si a más de un barón le hubiesen hecho un lazo en el pito, habría mucha menos densidad demográfica en los alrededores de Fontboi. Me dije a mi mismo, aunque sólo pronunciase lo siguiente restando importancia a la posible semejanza física que podría haber entre Jacinto y yo:

"Sí. Es posible que se parezca algo a mi familia. Puede que haya un parentesco lejano..... ¿Y por qué crees que estas enamorado de él?"
"No sé. Porque le quiero y me gusta; y a todas horas deseaba estar con él. No sólo follando sino hablando, o simplemente a su lado sin decirnos nada"
"¿Te daba morbo hacerlo con él?"
"No sé. ¿Qué quieres decir?"
"Que si sentías una sensación distinta aparte del gustirrinín que te daba echar el quiqui"
"¡Yo qué sé!. No sé como explicarlo. Podría estar todo el día dale que dale sin cansarme.
"¡Eso no es morbo!. ¡Eso es ser un obseso!. ¡Un auténtico salido mental!. ¿Pero además de eso no notabas una excitación irresistible como consecuencia de la situación, o hacia un gesto determinado o postura concreta?. ¿O quizás que al hacerle algo especial hayas sentido una mayor atracción que antes?". Insistí yo.
"Sí, claro..... Me ponían caliente sus miradas y que me dijese que se la metiese más. También me pongo como un burro al separar las piernas y abrirse las cachas para que le coma el agujero. Y con lo que más se me levanta es cuando vamos al cine y me dice al oído que no puede aguantar más sin tenerme dentro; y con la misma, se afloja el pantalón para que introduzca mi mano por detrás y le meta un dedo en el culo después de habérmelo chupado. Es como si te hiciesen unas cosquillas de esas que no puedes aguantar pero quieres que te las sigan haciendo porque te estás cagando de gusto con ellas"
"Podría valer el símil. Pero sin descojonarte de risa como cuando te hacen cosquillas, claro". Comenté.
"Hombre, algunas veces también nos reíamos metiéndonos mano y revolcándonos por el suelo. Ya te digo que me gusta estar con él aunque no hagamos nada especial. Habla muy bien. Así cómo tú. Y me agrada mucho que me cuente lo que lee. Hay cosas que no entiendo bien, pero él me las explica y a mí me gusta escucharlo"
"¿Y no te dio pena dejarlo y venirte a Madrid?". Pregunté.
"Sí. Claro que me da pena no verlo y no poder estar con él. Pero también tenía ganas de estar con vosotros y conocer Madrid. No se pueda tener todo. Digo yo"
"¿Te gustaría que también viniese él?"
"¡Naturalmente!. Pero no puede porque tiene que estudiar. Y además sus padres no le dejarían venir con alguien a quien no conocen de nada"
"A mí si me conocen"
"Pero no creo que dejasen al hijo venir a tu casa"
"¿Por qué?"
"Porque en el pueblo hablan de vosotros y dicen cosas que no a todo el mundo le gusta oír"
"¿Dicen que somos maricones?"
"Algo así"
"¿Y a ti no te da vergüenza que todos sepan que eres amigo nuestro?"
"No. ¿Por qué iba a darme vergüenza?. Yo soy igual que vosotros y también me gustan los tíos. Además a mis padres no le importa que sea así. Osea que yo también soy maricón; y a mucha honra. Y tampoco me importaría que todos se enterasen que quiero a Jacinto. Si no le hiciese daño a él lo pregonaría por todo el pueblo"
"En el fondo es mejor que lo sepan. Así cuando vayamos allí no tendremos que andar con ninguna clase de miramientos. Paco será para todos mi consorte y la verdadera baronesa de Idem; y Gonzalo el amante de los dos. ¡El trío perfecto Germán!. ¡El trío perfecto!. Te lo aseguro yo. ¡Ojalá seas tan feliz con Jacinto como lo soy yo con los dos!". Dije hablando más para mí mismo que para el muchacho, y añadí dirigiéndome a él: "De todas formas es pronto para que puedas saber si de verdad estás enamorado de Jacinto"
"¿Y cuanto tiempo hace falta para saber eso?"
"No es cuestión de tiempo"
"¿Entonces hace falta follar más veces para saberlo?"
"¡No!. ¡Tampoco es cosa de follar mucho o poco!. La cosa no es nada fácil, no creas. Y todavía tienes mucho tiempo para complicarte con eso. Espera un tiempo; y si sigues sintiendo lo mismo por él, entonces tendrás que meditarlo más seriamente. Ahora procura divertirte en Madrid. ¡Pero con tiento y sin perder los estribos!. ¿De acuerdo?"
"Sí. Me divertiré, pero me parece que voy a seguir queriendo a Jacinto más que a nadie. Lo que me pidió es que lo llame por teléfono o le escriba una postal por lo menos. Mañana le llamo. ¿Me dejas, verdad?"
"Si quieres llámalo ahora, o cuando tú quieras. Y las veces que te dé la gana. Ya sabes que estas en tu casa y no tienes necesidad de pedir nada. Lo coges y punto"
"Gracias. Entonces lo llamo ahora, que seguramente está en su casa"

Y salió de la habitación disparado al teléfono para hablar con su amado Jacinto. ¿Hay algo más bello que el primer amor entre dos adolescentes?. Me alegraría por los dos si este fuese su primer y único amor para toda su vida. ¡Pero es tan difícil superar el paso del tiempo!. La cotidianidad provoca el tedio, y el tedio elimina el deseo. Y la ausencia del deseo enfría el amor. ¿Y cómo mantener ese deseo que avive el amor?. Evitando la rutina y desterrando toda obligación o derecho carnal en la pareja. La práctica del sexo ha de ser apetecida y deseada sin condición o coacción alguna, o lo contrario es opositar al fracaso. Entre seres inteligentes no cabe el derecho de pernada ni la férrea posesión del ser amado.

Todavía hubo de pasar un rato para que Germán apareciese nuevamente con una beatífica sonrisa que le iluminaba la cara de oreja a oreja.

"¿Te echa de menos?". Le pregunté.
"Sí. Mucho, me dijo. Y yo a él"
"Venga chaval, que pronto volverás a estar con él"
"No porque se va a Santiago y hasta que vuelva de vacaciones no puedo verlo"
"Si vas tú a Santiago sí"
"Mi padre no me da tanto dinero como par ir y venir a mi antojo cada dos por tres"
"¿Para ir algún fin de semana tendrás?. ¡Vamos, digo yo!"
"Sí. Para ir de vez en cuando sí. Pero sólo muy de vez en cuando"
"Bueno. Dejemos eso ahora. Anda vamos a dar un paseo antes de que vuelvan Paco y Gonzalo. Venga... Alegra esa cara. Si tanto te quiere sabrá comprenderlo. Y cuando tengas muchas ganas de estar con él y no tengas cuartos, me llamas. Yo te prestó el dinero. ¿De acuerdo?"
"Tu no tienes que dejarme nada"
"Yo dejo lo que quiero a quien me da la gana. ¿Te parece bien?"
"Sí. Pero si me lo dejas no te preocupes que te lo devuelvo en cuanto pueda"
"¡Por descuidado!. ¡Eso ni se me ocurre ponerlo en duda!. Osea que tranquilo que todo está arreglado. ¿Hace?"
"¡Hace tío!. Eres un tío cojonudo, Adrián. Bueno los tres sois cojonudos.
"¡Y muy guapos!. ¿O no?".
"Sí. Sobre todo Paco". Me dijo Germán.
¡Otro puñetero al que le comió el coco Paquito con sus prendas y gracias!.
"¡Gracias por lo que nos toca a los demás!". Protesté yo.
"¡Hombre Gonzalo también está muy bien!". Añadió.
"¡Lo acabas de arreglar!. ¿Y yo qué?. ¿No valgo nada?"
"Tú eres distinto"
"¡Más viejo!"
"¡No!. Más hombre. Muy elegante y muy interesante, como dicen las mujeres cuando le gusta un tío de tu edad"
"¡Oye qué no soy tan mayor!". Dije yo rebotándome.
"¡Bueno no es eso!. Ya me entiendes lo que quiero decir"
"Bueno, a ti te lo permito. ¡Pero a otro le hubiese dado una hostia en los morros!. ¡Venga, cabroncete chigandor, sal por la puerta"

¡Me encanta esa rústica franqueza tan cándida que tiene Germán!.
Y salimos a la calle y a mí me parecía más oportuno ir hasta Serrano, pero al chico le atrajo más el Retiro y allá nos fuimos a pasear por el parque, bordeando luego el estanque con el permiso de don Alfonso, cuyo monumento impresionó a Germán. Pero el que más llamó su atención fue el del "ángel caído". Y mucho más cuando le expliqué que era la única estatua dedicada al demonio que existe en el mundo; al menos que yo sepa. Según sus palabras: "¡Menudo cuelgue que debía tener el que la puso ahí!. ¡Para flipar dando órdago a la grande sin un puto rey!". Si hay algo que le apasione a Germán es el mus. Y aunque el paseo fue largo, aún tuvimos tiempo de acercarnos hasta Goya y regresar a casa por el Paseo de Recoletos, donde tomamos el aperitivo sentados en una terraza. Germán miraba a cuanto muchacho pasaba por la acera; pero luego, sus únicos comentarios eran para constatar que Jacinto los superaba a todos en toda clase de virtudes. El muchacho daba síntomas de estar plenamente colado por el niño menor del Alcalde del pueblo. Y todo hacía prever que su estancia en Madrid no iba a ser tan lujuriosa como cabría esperar en un chaval de dieciocho años que visita por primera vez la gran ciudad para disfrutar de su vida nocturna yendo de bar en bar hasta recorrer todos sus antros de ambiente y vicio. Por un momento me dieron ganas de facturarlo para el pueblo, preservándolo así de cualquier posibilidad de menoscabar su integridad moral. Era una lástima que aquel alma inocente llegase a corromperse con esa libidinosa lujuria que apesta a tabaco mezclado con alcohol, porros, poppers y retrete.

Cuando llegamos a casa, Paco nos esperaba en el salón y todo estaba dispuesto para sentarnos a la mesa en cuanto llegase Gonzalo. Germán le dio dos sonoros besos a Paco, que a su vez lo abrazó fuertemente, y como una ametralladora contó nuestro paseo, casi paso a paso y sin omitir ningún lujo de detalles. En esto llegó Gonzalo, y el chaval se interrumpió para abrazarle con la misma efusión con que lo harían dos inseparables colegas que se reuniesen para pasar unas vacaciones juntos. Repitió otra vez la parte de la caminata que Gonza no había oído, y nuestro atípico mayordomo nos indicó que ya podíamos pasar al comedor.

Nada más dar comienzo a la comida, consideré que era el momento de hacer partícipes a Paco y Gonzalo del notición y sin más preámbulos les dije:

"¿Sabéis que el niño se nos ha enamorado?"
"¿Cómo dices?". Soltó Gonzalo.
"Lo que oyes. Germán está enamorado de Jacinto"
"¿Y quién es Jacinto?". Preguntó Paco.
"El hijo menor del Alcalde de su pueblo. Bueno. De su pueblo y el mío"
"¡Será cabrón el mocoso!". Grito Gonzalo riéndose y tirándole la servilleta a la cara.
"De mocoso nada que ya es mayor de edad". Dije yo.
"¿Y el otro?". Volvió a preguntar Paco.
"Lo será muy pronto". Contesté yo.
"¿Pero por qué no dejas que se explique el chico?". Intervino Gonzalo.
"¡Pues que os cuente, que os cuente!. ¡Veréis como quedáis boquiabiertos con las habilidades del muchachito!. ¡Menudo elemento nos salió el niñato!. ¡Hala Germán, cuéntales tu odisea en el río!"

Y Germán se la contó y se quedaron patidifusos con su aventura. Bueno, de aventura nada, porque cada vez que la cuenta la cosa parece que va más en serio. Paco también le chilló por no usar preservativo; pero teniendo en cuenta las circunstancias tampoco era cuestión de hacerle un drama por ello, y nos juró que no volvería a follar a pelo a no ser que estuviese seguro que Jacinto solamente lo hacía con él.

"Y aún así con precaución". Le advertí yo. Como es habitual, la más puta siempre es la primera en dar sensatos y virtuosos consejos que muchas veces también es la primera en no seguir. Aunque eso del preservativo siempre lo cumplo a rajatabla y me cuido muy mucho en que también lo haga Gonzalo. A Paco no hace falta decirle nada porque no anda follando con otros por ahí. Ella es "Santa Paca de Idem", patrona de las sufridas víctimas de los cónyuges pendonazos.

El resto de la primera jornada de Germán en Madrid fue bastante tranquila, hasta que por la noche nos tocó cena con algunos de la peña. Y, posteriormente, las consabidas copas por los lugares de moda para que el chico fuese tomando contacto con la marcha nocturna de la gran villa. Y su primera experiencia noctámbula marcó una profunda huella en él.

Como es lógico, tanto en la cena como durante las primeras copas, Germán fue el centro de atención de todas las miradas y conversaciones, pero no pusimos a nadie al corriente de lo de Jacinto. Por el momento era mejor no menear el asunto, sin dar a entender tampoco que Germán viniese o dejase de venir a desfogarse a Madrid. Carlos, que quiso tomarle el pelo con su ironía acostumbrada (aunque sin sarcasmos, puesto que eso con el chaval jamás se lo hubiese permitido), se quedó un tanto sorprendido y frustrado en su intento, dado que Germán, con su típica retranca gallega, no es fácil que se deje tomar el pelo. E incluso muchas veces es él quien te lo toma a ti. Aprendió de su abuelo y de su padre esa particular filosofía del campesino cuya lógica aplastante es irrefutable de puro obvia que nos resulta. Germán no tiene muchos estudios, pero es vivo como una ardilla y listo como un ajo, como suele decirse en el pueblo. Nunca es posible enredarlo, porque le irá dando las vueltas que sean necesarias al asunto hasta enredarte él a ti.

Al llegar al restaurante, Germán quedó un tanto alucinado con los monísimos camareros del local, pero pronto debió hacer mentalmente su composición de lugar y puso cara de haber llegado a la conclusión que tampoco éstos eran mejores que su Jacinto. Desde luego, estaba resultando todo un hombre con ideas claras y firmes. Le encantó el sitio y la cena, aunque al principio le pareció algo rara. Todos nuestros amiguetes estuvieron encantadores con Germán; y en particular Raúl, que no sé por qué me da que en cuanto puede se la pega a Enrique. Sin embargo, el temible depredador, Cris, estuvo sorprendentemente comedido. Al parecer no andaban bien las cosas con Juan José, y tan pronto terminamos de cenar se fue a su casa a esperar la visita del susodicho, de conformidad con el programa sexual preconcebido por ambos. Raúl y Enrique también se fueron, porque no sé que tenía que hacer Enrique al día siguiente, y el resto fuimos a un par de cafés, donde la caída de miradas sobre el muchacho empezó a acentuarse. ¡La carne nueva atrae a las fieras, está claro!. Germán apenas se percataba de la atracción que causaba entre el personal, y Carlos se empeñaba en hacérselo notar, enumerándole todos los gestos, miradas y comentarios a que daba pie con su presencia. Yo por lo bajo le decía: "No le hagas caso que son cosas de Carlos para tomarte el pelo". Pero llegó un momento en que el chico ya no se lo creía, puesto que los hay bastante descarados cuando están ansiosos por ligar a un bonito cervatillo. Y sobre todo a un pavito de dieciocho añitos con un letrero en la frente que casi dice: "a estrenar". Lo gordo vino en los bares poco iluminados cuando descubrió el cuarto oscuro. Quedó perplejo y Carlos y Ricardo le invitaron a entrar. Yo ya le había advertido a Ricardo, que en principio era el más peligroso dada la edad de Germán, que ni se le ocurriese tocar al chaval, porque lo capaba con dos piedras. Pero tanto él como Carlos se pusieron pesados y metieron al chico en las tinieblas del folladero. Paco empezó a poner mala cara y Gonzalo estaba nervioso; y en cuanto a mí no hace falta decir lo que estaba pasando por lo que pudiera ocurrirle a Germán. Pero no tuvimos que sufrir mucho. A los cinco minutos salió como una exhalación, rojo de calor y asombro, y vino hacia nosotros con los ojos abiertos como platos y llenos de incredulidad. Le habían metido mano por todas partes, sin saber quien lo hacía. Y lo peor, en su opinión, era que en aquella tiniebla y en medio de un mogollón informe se oyese como follaban un número indeterminado de sombras sudorosas.

"¡Qué asco!". Exclamaba Germán. "¿Y todos son así?". Preguntaba sin dar crédito a lo que había no visto del todo pero sí sentido y oído. "¡Me puedo morir si alguien me vuelve a tocar!". Seguía diciendo. "Para esto prefiero quedarme en casa jugando al mus". Concluyó el joven galleguiño desvelando su envidiable inocencia.
"No todo es así, ni todos hacen lo mismo". Le aclaró Gonzalo.
"Germán, resérvate para Jacinto que ganarás mucho más". Le aconsejó Paco.
"Esta vez tiene razón Paco, chaval". Le dije yo. "Si tanto le quieres, piensa en él y no hagas nada que luego lamentes" Añadí, haciendo gala de una sensatez que ya quisiera aplicar siempre en mis actos. Y Gonzalo también; porque es otro mamón como yo.

Carlos y Ricardo surgieron más tarde de la penumbra, el primero muerto de risa y el otro con el atuendo descolocado, y Germán los miró como si fuesen bichos raros venidos de otro planeta. Carlos nos contó que el chaval casi se lía a leches allí dentro, y que venía descojonándose porque uno de los que estaba con los pantalones a media asta, poniendo el culo en pompa, era Guillermo, el cotilla oficial del reino gay.

"¿Y se dio cuenta que lo conociste?". Pregunté.
"¡Por descontado que sí!. Le llamé puta... Y mi voz la conoce hasta dormido". Contestó Carlos.
"¡Y tú parece que vienes un poco descalabrado!". Le dijo Gonzalo a Ricardo. "¿Qué estuviste haciendo, golfa?". Le preguntó.
"¿Esta cerda?. Lo de siempre. Morrearse con una cosa que no se sabía bien a que especie podía pertenecer. Tanto podía ser escarabajo, cucaracha, o bicho sin clasificar. Uno de esos híbridos indeterminados que le gustan a esta zorra vieja. ¡Qué no es lo mismo que vieja zorra!". Se apresuró a decir Carlos, con la sana intención de zaherir a Ricardo.
"La cara no se la vi bien, pero al tacto estaba muy bueno el chaval. ¡La envidia que te corroe porque no ligas ni con el más feo!. ¡Vieja gorda!". Alegó Ricardo.
"Solamente rellenita, mona. Y lo de mona es por la especie animal, que quede claro". Atacó Carlos.

Y en ese momento salió del cuarto oscuro una cosa blandengue, flaca y horrorosa, que iba de falsa pequeña pero que ya no cumplía los treinta, y a Carlos le faltó tiempo para decir casi a gritos: "¡Mira tu ligue adolescente!. ¡Menudo caldo de gallina se hacía con él!. Caldo solamente, porque a ese ya no hay quien le meta el diente de correoso que está. ¡Ja!. Encima de puta, ciega, y sin tacto. ¡Vamos, ni en la O.N.C.E. te quieren!. ¡Con tal de que estén medio tísicas, ya te valen!. ¡Y por si no lo sabes, hay pequeñas que también están rellenitas como yo!. ¡Últimamente te vas con cualquier cosa, mona!". Dijo Carlos para machacarle más.

Y después del éxito, Germán quiso que nos fuésemos a casa; no tanto por la decepción sufrida como por el simple hecho de que estaba cansado al no haber sobado bien la noche anterior debido al viaje; y lógicamente necesitaba dormir. Y con la misma, dejamos a Carlos y a Ricardo en el tugurio, dando por concluido el primer contacto de Germán con la noche frívola de Madrid. Permaneció un mes con nosotros, pero aunque se divirtió a sus anchas no olvidó a Jacinto, con quien hablaba todos los días, y permaneció fiel a su amor, soñando a todas horas con volver a estar junto a él. Es de suponer que debió dejársela pelada de tanto meneársela; mas follar con otros no folló.

En su segunda visita a Madrid vino acompañado por Jacinto; pero de eso hablaremos más adelante.


lunes, 22 de febrero de 2010

Capítulo IV

No mentiría demasiado si asegurase que la vida me sonrió muy especialmente en estos años y que todo fue aconteciendo tal y como mi voluntad iba deseando. Nunca tuve motivo de queja con mi suerte; pero mucho menos a lo largo de mi década de los treinta. ¿Qué más se puede pedir si uno consigue una vida sentimental plena, una actividad profesional satisfactoria y sus amigos le siguen siendo fieles e incondicionales?. Si a todo eso le añadimos unas inmejorables relaciones familiares, sólo cabe exclamar: ¡Teta!. ¡De cine tío!. El dinero siempre ayuda; pero como solemos decir aquellos a los que nos sobra, tampoco lo es todo en esta vida. Aunque yo todavía estoy por conocer a quien esté dispuesto a regalar todo lo que tiene para comprobar si el dicho es cierto. Lo normal es que procuren amasar más por sí acaso. Y los hay que siempre se pasan, como ocurre con todas las cosas.

Como también es propio en mí, seguí cultivando la amistad no sólo con quienes ya eran mis amigos, sino también con los de Gonzalo y los que ha ido conociendo Paco durante este tiempo. Enrique y Raúl son de los habituales en nuestra casa y nosotros en la de ellos, porque desde hace unos años también viven juntos como el más tradicional de los matrimonios. Siempre tuve ganas de saber que hacen en sus momentos de intimidad y a que tipo de fantasías sexuales se entregan esos dos. Pero como ni Enrique ni el otro sueltan prenda, no es posible sonsacarles nada al respecto. ¡Joder!. Deberían ser todos igual que Crispulito, que le falta tiempo para pasarte la proyección de lo que hace. Y no es metáfora, porque no es la primera vez que filma sus hazañas, sabiéndolo o no el contrario, y luego ya está loco por invitarte a una sesión de cine porno, cuyo orgulloso director y principal protagonista es él. El otro es un elemento simplemente necesario para el objeto del filme.

Precisamente no hace mucho fuimos a cenar a su casa y nos sorprendió con una de sus últimas creaciones. El vídeo había sido grabado hacía unos meses en su casa con uno de sus ligues de cita casi fija por la tarde, ya que su apareamiento con Juan José terminó por irse al traste. Porque, por mucho que Cris dijese lo contrario, eso no era otra cosa que un apareamiento, previamente programado, que tenía lugar normalmente por la noche, dos o tres días por semana, según se terciase. Con lo cual lleva tiempo sin ningún compromiso medianamente serio. ¡Tiemble la tierra porque la picha brava está en plena efervescencia!. Es necesario crear una asociación internacional para poner a la defensiva a las probables víctimas y que se extienda por todo el mundo bajo el siguiente eslogan: "Marcaditos unidos contra la agresión del cipote del Críspulo".

Siguiendo con lo del vídeo, la trama de la cinta era bastante simple, y en las distintas secuencias se veían escenas de lo más habitual dentro de los mil numeritos que pueden montar dos tíos en una cama. El guión empezaba estando ya los protagonistas desnudos en la cama, e inmediatamente el otro se ponía loco mamando la tranca de la estrella principal, es decir Críspulo. Y después de un breve morreo, se daba la vuelta abriéndose de piernas, y zaca. Para dentro sin prisa pero sin pausa. Luego, el triqui, triqui de rigor, con aspavientos, gemidos, y un monólogo del sodomizado, algo monótono, diciendo: "¡Qué polla!. ¡Qué polla!". Etcétera, etcétera. Y el del héroe tampoco era mucho más brillante: "¡Toma cabrón!. ¡Toma por culo!. ¡Toma!. ¡Toma!". También etcétera, etcétera. El diálogo no era fruto de una gran imaginación precisamente. Es un problema al que se expone cualquier director de cine, ya que la película puede quedar en nada por culpa de un mal diálogo. De todas formas es justo señalar que el actor secundario estaba muy bien de cuerpo en general y de cachas en particular. Raro, si se tienen en cuanta los gustos del director - productor, que es más dado a curvas menos protuberantes. Supongo que en esa fecha tendría un día tonto de esos que todos tenemos a partir de los quince y hasta los no sé cuantos, como dice Carlos.

Terminada la sesión, cada cual se fue donde mejor le pareció; y nosotros nos largamos para casa porque era un día de semana y había que madrugar al día siguiente. Evidentemente, eso no impidió un polvete cachondo antes de dormir plácidamente cada cual en su camita. Que es lo más cómodo si sólo se pretende dormir, aunque sea muchísimo más agradable, sin duda, notar la presencia física de tu amor pegada a tu piel. Sentir como duerme su vida a tu lado, sabiendo que nada más despertar deseará ser enteramente tuyo otra vez. Desde luego es mucho mejor que dormir con un osito de peluche. Que molesta lo mismo y por vueltas que le des no te hace nada de nada. Y aunque le hagas un agujero en el sitio justo tampoco es lo mismo. No deja de ser un trozo de trapo sin vida ni calor, como un ligue que tuve hace tiempo (mucho antes de conocer a mis dos maromos) y que ni me acuerdo del nombre, que, como los muñecos de trapo, ni sentía ni padecía. Era un perfecto muermo el tío. No sé si ese día no le habían dado cuerda o si le faltaban las pilas, pero la verdad es que un títere de madera hubiera tenido mucho más encanto que aquel valdrán. ¡Qué los hados nos libren de tales noches de frenética pasión!.
Con quienes también estamos frecuentemente, es con Alberto y Miguel, que sin comer perdices son igualmente felices desde que viven juntos y se miran a los ojos enternecidos por tanto amor y pasión. Por cierto que Miguel ahora es mucho más atractivo que hace diez años; y es un gran Médico. Y lo más importante es que el tío adora a Alberto. ¡Qué también mejoró lo suyo!. Porque si bien nunca fue feo, últimamente el amor le ha dado un aire de serenidad y aplomo, que nunca tuvo, y le queda francamente bien al tío. Va a entrar en los cuarenta con mucha dignidad y donosura, que dirían los antiguos. Lo que no era tan previsible, dado el carácter de éste último, es que en pareja fuese tan sutilmente dominante y mangonease al otro a su antojo. Miguel hace lo que Albertito quiere, creyéndose que éste solamente se deja llevar por donde él dispone. ¡Mentira!. Es Alberto quien dispone; y con una envidiable habilidad consigue que Miguel crea que quien decide es él. ¡Qué gran político se ha perdido este país!. Pero ellos se entienden bien. Y tanto Alberto como Miguel no pueden vivir el uno sin el otro. Da gusto verlos tan enamorados.
Los que ya no lo están son Juan y Alfredo, que rompieron hace tres años porque se metió por medio un ejecutivo de una multinacional, alucinando a Juanito con su poderío y su don de gentes, y sin más se lo calzó birlándoselo al otro. Alfredo lo paso fatal; pero afortunadamente ya tiene otro a su medida para llenar el hueco que le dejó Juan. Me refiero en su vida; porque, según dicen algunos, a Alfredo le gusta dar y lo hace estupendamente. Desde luego al actual, que es muy moreno y risueño y tiene por nombre Justo, parece que le gusta que se lo llenen bien, y Juan siempre ha preferido lo mismo; y también tiene su lógica si tenemos en cuenta el buen culo que tiene y que busca un sustituto de su papá, con todas las consecuencias; incluso que le imponga respeto y hasta le riña cada dos por tres; pero sobre todo que sepa tratarlo bien y le dé por el culo como es debido. Y tampoco debe ser manco para eso el ejecutivo, que se llama Roberto y tiene más de cincuenta y cinco años, aunque se quite alguno para coquetear. Tiene sus años y bien cumplidos. ¡Vamos, que no disimula ni uno por mucho que se empeñe en mazarse en el gimnasio!. Ahí fue donde lo conoció Juanito; y cuatro días más tarde el tal ya se lo había llevado al catre, dejándolo obnubilado con sus encantos y su estresada vida de alto directivo de empresa importante. Que es la vida que tiene más estrés, según dicen los afectados. ¡Allá ellos!. ¡Mientras eso no les recorte la vida ni las ganas de follar!. Yo personalmente prefiero vivir con más sosiego; y por eso jamás podré agradecer suficientemente al destino mi suerte permitiéndome vivir prácticamente de mis rentas, sin sobresaltos ni mayores preocupaciones que la vida diaria. Mis amantes y yo tenemos más que de sobra; y teniendo en cuenta la edad que vamos teniendo, creo que será mejor empezar a gastarlo con más alegría, puesto que de aquí no nos lo podemos llevar y a mis sobrinos también les llega lo que ya tienen.

Al que no hay medio de casar es a Carlos. No hay manera de que asiente el culo con alguien. De entrada todos le encantan, pero al poco tiempo ninguno le parece bien. Enseguida se le calienta la sesera bajo sus oscuros ricitos ya canosos, se cansa y no los aguanta ni medio minuto más. Él dice que su destino es ser la típica solterona. La tía Carla. Esa mujer madura y un poco rellenita, sin llegar a ser gorda, a quien se acude para pedirle consejo sobre todo aquello que, precisamente por su soltería, no conoce ni a este paso conocerá nunca. Compartir su vida con otro, no huyendo de la soledad sino por amor a esa persona por la que estás dispuesto a perder tu intimidad si ello es preciso. Su pertinaz individualismo no ha conseguido amargarle demasiado la vida; y, por tanto, no pierde su humor por tan poca cosa. Al contrario. Cada vez que sufre un revés amoroso se le agudiza su vena irónica y se ríe hasta de su sombra. Seguramente esa es su forma de reaccionar. Hace sonreir a los demás intentando evitar que su corazón sangre. En una ocasión, hace unos cinco años, todos creímos que al fin se había enamorado; mas no fue así.
Se trataba de un chaval de Salamanca de veinticinco años, realmente guapo y muy formado físicamente, que además, según decía el propio Carlos, tocaba la formidable gaita que tenía con tal maestría que era digno de tocar como solista en la banda de un regimiento. Por lo visto, llegó a echarle un polvo a la romana. Osea, se la metió por la noche y se la sacó por la mañana. Claro que luego tuvo que ponerse cubos de hielo en el ojete par calmar la irritación. Como siempre recuerda Carlos: "¡Aquel si que era todo un machote que resistía follando lo que hubiere menester!".

El chico, de nombre Isidro y como diminutivo Chiri, estuvo con Carlos unos quince días, aproximadamente. Durante esos días, había que ver la cara de satisfacción que lucía Carlos. Continuaba siendo simpático, pero en absoluto sarcástico; e incluso a veces hasta era bondadoso con las simplezas del prójimo. Entonces, Chiri era un muchacho tranquilo, sin nada de pluma y de aspecto compacto, de constitución fuerte como si fuera un peón de la construcción en versión universitaria, y ligeramente más alto que Carlos aunque menos que yo, con el pelo castaño y unos ojos marrones muy expresivos; y, sobre todo, un contundente paquete que, aún sin pretenderlo, insinuaba mil y una noches de fuerte pasión carnal. A donde íbamos con él, todas se quedaban mirando la entrepierna del chico. ¡Y ya os podéis imaginar cómo se ponía Carlitos!. ¡Cómo una hiena a punto de lanzarse a por la carroña!. Casi estoy por asegurar que el rollo se vino abajo precisamente por los celos mal controlados de Carlos. En vez de enfadarse con los mirones, o pasar de todo, que es lo que debería haber hecho, la tomaba con el muchacho como si él tuviese la culpa de tener semejante cosa colgada entre las dos piernas. ¡Si precisamente eso era lo que más le gustaba a Carlos!. Desde luego, si en lugar de aquella morcilla llega a tener un pitorrito, como el de un botijo de barro, a buenas horas le habría hecho caso al chaval. En lo primero que se fija Carlos es en la dotación con que cuenta el personal; y pasado el examen selectivo, comienza a repasar el resto del armazón. Y si la cosa promete, entonces empieza a sondear que hay por dentro. Naturalmente, sin olvidar en su investigación las aficiones eróticas que el tipo le ofrece. Siempre despliega el mismo plan de ataque; y si el sujeto no pasa con suficiencia la prueba, lo manda directamente a tomar por saco sin más trámite. Nunca le visto irse con alguien que no le satisfaga realmente. Hay que reconocer que en eso Carlos no se casa con nadie. Y nunca mejor dicho lo de casarse en este caso. Ya que hablando de casorio, el asunto no llegó a fructificar entre Carlos y Chiri. Y repito. No creo que fuese tanto por culpa del otro como de Carlos. Durante los primeros días el chico le aguantaba los cabreos sin decir ni esta boca es mía, pero era natural que no estuviese dispuesto a callarse siempre y soportar estoicamente el chaparrón. El pobre se deshacía en arrumacos hacia Carlos, pero éste se revolvía como una gata recién parida a la que intentasen quitarle las crías. Se ponía verdaderamente desagradable. Y cuanto más le decíamos era peor. ¡No había cristiano que lo soportase!. ¡Si cada vez que tiene un lío con un chaval que resulte atractivo también para otros se va a poner de ese modo, es preferible que permanezca soltero!. Es mucho más rentable para todos, empezando por él mismo. Durante la segunda mitad de aquella quincena se le agrió el carácter y no era el mismo de siempre. Y fue una pena, porque el chico lo quería; y posiblemente habría sido feliz con él si los celos no se lo hubiese impedido. ¡Qué le vamos a hacer!. A ver si tiene más suerte la próxima vez. Porque habrá una próxima vez, estoy completamente seguro. Un mes después de que rompiesen, estuve por ir a Salamanca y traer a Chiri por una oreja para que hiciesen las paces. Pero me lo pensé mejor, recapacité despacio, y mantuve mi opinión de que nadie debe meterse en líos ajenos mientras los interesados no se lo pidan. Y si en los líos andan metidos los genitales, mejor no meterse aunque los interesados te rueguen que lo hagas. Al final el más cabrón siempre serás tú; y en eso también mis dos amantes estuvieron de acuerdo.

Sin embargo, Pedro tuvo más suerte y poco a poco se fue enredando con Ramiro, que ya le había acompañado a la primera fiesta que dimos Paco, Gonzalo y yo en Fontboi (maravillosamente organizada por Paco), y que en aquel entonces, según palabras de Pedro, no había nada serio entre los dos; pero que unos meses después olía ya a seria relación de pareja como mandan los cánones. Y continúan casados y bien cazados, pero contentos. Pedro es un tío genial; y Ramiro, que tiene cinco años más que yo y está de muy buen ver, también es muy amable y educado. No es diplomático como Pedro, pero casi, porque es relaciones públicas de un grupo de empresas dedicadas a la confección y venta de ropa de vestir. Estar con ellos es encantador, ya que te da la impresión de moverte en un salón del diecinueve y que en cualquier momento abrirá el baile el mismísimo emperador. En torno a ellos todo es corrección y finura. En fin. Siempre conviene tocar distintos ambientes para enriquecer tu personalidad.

Ricardo, al igual que Carlos, sigue a su aire; pero en este tiempo se le dio por ligar niñatos, casi recién salidos del huevo, que todavía huelen a leche fresca de puro tiernos que son. Lógicamente con el paso de los años, y que nunca tuvo un físico alucinante ni ha sido demasiado guapito, va costándole cada vez más engatusarlos para beneficiárselos en la cama; pero él sigue al pie del cañón, con menos éxitos que moral, desde luego, pero sigue impertérrito con su afición por la caza menor. No quiero decir que los chicos sean menores de edad. Nada de eso. Alcanzan los dieciocho, aunque de diecinueve no pasan. El mayor problema es que, en cualquier caso, siempre le durarían poco. Un par de años como mucho, ya que al cumplir los veinte se acabó el invento y a por otro. Y es una pena porque precisamente es a partir de los veinte cuando empiezan a estar mejor. En términos culinarios se diría que ya casi están en comida. Cuando yo conocí a mis amantes, uno ya pasaba de esa edad y al otro le quedaban unos meses para hacerlo; y puedo jurar que desde entonces cada día se han ido poniendo más a tono. Con el tiempo han madurado y están carnosos y jugosos como esas ciruelas doradas que de tanta pulpa se desprenden del árbol espachurrándose contra el suelo. Pero para algo estoy yo aquí y me los comeré antes de que eso ocurra, o de que los picotee algún pájaro errante. A mí siempre me dio la impresión que los ligues de Ricardo son de usar y tirar. Son tan blandos, que si los follas con energía se rompen. Y tampoco es cuestión de que te pongan todo perdido. Lo más prudente es esperar a que se hagan un poco más; o, por el contrario, disponer de varios para ir descartando los que vayan quedando inservibles. Esta última alternativa la considero bastante latosa, aunque quizás sea la que más convenza a Ricardo.

Y de mis antiguos amigos, creo que sólo me resta hablar de Armando y Vicente. ¿Y qué puedo decir de estos dos?. Continúan juntos, montándose tríos con otros cada vez con más frecuencia, y siguen cachas a tope y vistiendo pantalones muy apretados y camisetas raquíticas, tanto con mangas como de tirantes. Todavía están buenos y tienen un buen número de admiradores, por lo que ligar no les resulta nada difícil. Ambos son dos estupendas personas y nunca los ves de mal humor. Debe ser que lo queman en el gimnasio con las calorías que les sobran. Con esta pareja nos llevamos muy bien y son asiduos a las cenas en nuestra casa.

Como ya he señalado, el circulo de amistades se ha ampliado con dos amigos de Gonza, Fer, y Nacho, y un compañero de estudios de Paco, Elías, guapetón pero demasiado joven todavía y muy divertido, cuya mayor ilusión es encontrar al hombre de su vida, como según él le sucedió a Paco. La verdad es que Paco no encontró a uno sino a dos. Pero bueno. Elías nunca ha dicho cual de nosotros es ese hombre definitivo en la vida de su compañero de clase. En resumen, lo que busca Elías es un príncipe azul; y esos solamente quedan en el papel cuche de la prensa rosa. Que, por otra parte, también hay que decir que tampoco son tan azules, ya que todo dios tiene sus esqueletos en el armario. Si en muchos casos, en lugar de mostrárnoslos tan sonrientes, nos contasen la realidad de sus doradas existencias, sin duda que habría más de un escandalazo de los que hacen época. Pero todo eso es parte del ritual de la hipocresía social de nuestros tiempos. ¡Y si no, qué se iba a leer en las peluquerías!. ¡Vamos, digo yo!. Porque leer "la vida es sueño" de Calderón mientras te peinan o cortan el pelo, me parece un poco fuerte. ¡Incluso chungo, diría yo!. Cada cosa tiene su momento y ha de hacerse a su debido tiempo. Casi sería más lógico leer ese drama sentado en el retrete, que es un lugar que invita a la meditación y a valorar los pros y los contras de esta vida. Al menos yo saco valiosísimas conclusiones intentando defecar; cosa que me resulta bastante costosa porque soy estreñido. Sólo en ese aspecto, por fortuna, puesto que en el intelectual obro con regularidad meridiana, sin que tampoco haya tenido nunca problemas de diarrea mental.

Fer y Nacho son otro cantar. El primero fue compañero de carrera de Gonzalo (carrera universitaria se entiende), y durante el tiempo que permaneció en la escuela de ingenieros estuvo absolutamente tapado, sin demostrar ni un sólo atisbo de inclinación mariquitil. Siempre fue amigo de Gonza, pero jamás hablaron del tema. Y, aunque Gonzalo intuía algo raro (bueno raro según quien lo mire, porque para nosotros es de lo más corriente y normal), prefirió dejar las cosas como estaban y no profundizar en los sentimientos y apetencias sexuales de su amigo Fernando. Tuvo que ser dos años después de finalizar los estudios, en un madrileño café de ambiente al que acudimos Gonza y yo un día por la tarde, cuando Fer se sincerase con su colega, y ambos pusiesen sobre la mesa los trapillos más secretos de su intimidad, destapando así lo que se habían mantenido oculto durante años. A partir de entonces estrecharon más su amistad, haciéndose extensiva a Paco y a mí, y ahora nos tiene al corriente de todas y cada una de sus múltiples aventuras amorosas. Porque el chico no es que sea excesivamente guapo, pero gracias a su importante nariz tiene una acusada personalidad. En conjunto es agradable a la vista y tiene el cuerpo justo para no ser un enclenque. Según frase de Carlos: "¡Es la que más!". El gordito, como yo llamo a Carlos para joderlo, quizá esté un poco envidiosillo del exitoso Fer; que es otro de los habituales en nuestra casa y asiduo compañero de copeteo nocturno. O hasta pudiera ser que Fer le haga tilín a Carlos y en realidad éste sienta celos de sus eventuales conquistas. ¿Y si eso fuese cierto?. ¡Joder!. Pues hasta ahora no se me había ocurrido tal posibilidad. Estoy por volverme celestina y propiciar el emparejamiento. ¡Pero leches!. Antes habrá que corregir esa enfermiza desconfianza que siente Carlos en cuanto alguien se atreve a mirar a quien considera exclusivamente suyo. Por que de lo contrario, volvemos a tener otro fracaso como el de Chiri. Bueno, también es verdad que Fer no es tan llamativo como el salmantino. Sobre todo en cuanto a paquete. Desde luego, Fernando tiene sus cositas muy bien puestas; pero no es lo mismo de Chiri, que quede claro. Entre el charro y Fer debe haber unos tres calibres de diferencia, por lo menos. Aún así, nadie puede dudar que supera con creces la talla mínima exigida por Carlitos. Casi me atrevería a decir que el nabo del chico tiene la medida ideal soñada por Carlos. Creo que el ricitos de azabache, ya un poco plateados, es cierto, no podría quejarse ni de la calidad ni de la envergadura de los atributos de Fer, ni tampoco de su resistencia, que más que salido es un poco obseso por tenerla abrigada dentro de un confortable culo. Y no hay culo más confortable que el de mi amigo el gordito; porque si algo tiene Carlos con pinta de cómodo y agradable es el trasero. Perece un mullido cojín relleno de plumón de ganso. Tendré que madurar la idea de liar a estos dos; y si hay perspectivas de futuro, me lanzo. Consultaré con Paco y Gonzalo de todas formas. Estas cosas hay que planearlas bien y contar con más de una opinión desinteresada y cabal.

Volviendo al hilo del relato, también tenemos a Nacho. Alto y rubio, fuerte como un toro y con un cuerpazo tan bien esculpido como el de Gonzalo. Es compañero suyo en el equipo de balonmano y le encantan las pequeñas. Y para él, pequeñas son niñatos con menos de veinticinco años monines y tiernos como bollos de leche. Y dejemos claro que superan la edad del consentimiento, no vaya a ser que haya malos entendidos. Sobre todo teniendo en cuenta que la última moda son los escándalos sexuales con menores de edad civil. Y no me refiero a niños, que eso es una putada incalificable, sino a jóvenes de más de quince años, no tan inocentes en ese aspecto, que en algunos casos son delincuentes y prostitutos habituales.

Nacho y Gonza, nunca se ocultaron su condición de homosexuales, pero cuando yo conocí al segundo, todavía no tenían mucha relación ni mantenían una gran amistad entre los dos. Aún les daba miedo que estando juntos se les notase demasiado su tendencia sexual, e hizo falta que ambos consiguiesen normalizar sus vidas, aceptando plenamente su verdadera sexualidad sin reticencias ni tapujos de ninguna índole. De todas formas, Nacho siempre folló como un descosido; mucho más que Gonzalo, que era algo inocente hasta que yo lo conocí. Y cada día que pasa, Nacho es más follador. ¡No da abasto el puñetero!. O le sale cayo en la polla, o se le cae a trozos un día de estos. Según él, la culpa la tienen las pequeñas que son unas putas viciosas. Hombre, puede que sean algo viciosas, pero creo que más culpa tiene el lujurioso palmito que luce el jodido Nacho que las deja trastornadas. Le ocurre lo mismo que a Gonzalo. Los sueltas en un cuartel y seguro que hacen estragos entre más de uno de los componentes de la tropa. Y con algún oficial también; que nunca estuvo el ejército exento de tales debilidades. En voz bajita, sin que apenas se oiga, confesaré que ya le echaba yo un buen polvo al cabrón del Nacho. Pero eso es imposible, porque, aunque viciosa, no soy precisamente una pequeña: y, por tanto, ni le gusto a él ni osaría hacer algo que nunca me perdonarían Gonzalo y Paco. Uno de los pocos tabúes que establecimos fue respetar la amistad y mantenerla libre de implicaciones sexuales. A los amigos no hay que involucrarlos en devaneos de ese tipo, porque eso sí sería infidelidad y traición. Por muy bueno que esté Nacho para mí es carne vedada. Y también para Gonzalo y para Paco, naturalmente.

Y este es nuestro círculo de amigos íntimos con quienes compartimos alegrías y tristezas, y nos divertimos de la mejor manera posible.

Hemos vivido infinidad de odiseas juntos; y a lo largo de este libro habrá oportunidad de contar alguna aventura.