domingo, 2 de junio de 2013

Reflexiones del barón


Quiero oír la verdad sin maquillaje ni palabras oscuras que tan sólo pretenden liar las mentes sencillas e inducirlas al error de creer lo que otros dicen ocultando bastardas intenciones. Pude más el interés de unos cuantos que el de la mayoría y un ansia brutal de poder y riqueza agobia al mundo haciendo oídos sordos a la desgracia ajena y al dolor y penurias de esa multitud que nada tiene ni apenas les quedan ya esperanzas de sobrevivir con un mínimo de dignidad. El rostro de la codicia toma forma entre los poderosos que se amarran a sus privilegios y no les preocupa que su avaricia vaya dejando un largo lastre de miseria y enfermedad. En el espejo de la historia se está reflejando la peor cara de la crueldad, insensible a todo lo que no sea la riqueza por la riqueza. Y eso debe acabar antes de que los cimientos de la tierra se estremezcan y una voraz tormenta arrase el cielo y los mares; y, abrasando los campos, siembre horror y desolación a su paso. El horizonte se cubre de nubes y ocultan el sol que vivifica y nos da calor. Cuándo soplará un aire fresco que nos devuelva el bienestar y la alegría alejando de todos nosotros el temor! 

miércoles, 1 de mayo de 2013

Reflexiones del barón


Te enraízas en mí para nutrirte con mi vida como la hiedra en la tierra donde alimenta la savia que la mantiene y hace crecer. Te amarras a mí, así como la hiedra se agarra al muro por el que trepa buscando la luz y la humedad del aire que precisa para reverdecer. Buscas en mí el apoyo de tu existencia y la razón de vivir; y como la hiedra precisa quedar desnuda en el otoño para volver a lucir fresca y fuerte en primavera, también tú me necesitas y te entregas así como la hiedra para no desvanecerte en la soledad y disfrutar conmigo la alegría y el placer. Y como la hiedra se aferra a la piedra para resistir el calor del verano, tú te enlazas y rodeas mi cuerpo para no sucumbir ante la hostilidad del mundo y  soportar juntos el dolor y la tristeza. Y como en el muro quedan impresas las marcas de la hiedra cuando se seca, en mí también se ven las cicatrices conque tu amor marca mi ser. Y por eso te amo y me amas y la hiedra siempre brotará otra vez más hermosa de lo que fue 

sábado, 9 de marzo de 2013

Reflexiones del barón


Qué apetezco de ti que no pueda tenerlo?. Qué podrás negarme que ya no tuviese y sin palabras ni un mero gesto haya cogido cada vez que lo quiero. Qué podrías reservar a mi deseo o evitar que mi voluntad no se adueñase de todo cuanto fuese tuyo antes de ser ahora mío. No eres más que mi antojo o mi apetito desbordado de ansia infinita por absorberte y mezclarte con mi sangre y mi mente en un absoluto sorbo de aire intenso como el más puro de los vientos y tan profundo como el último suspiro de una vida que ya desaparece fundida en un mismo crisol que somos tú y yo. Tú alimentas mi alma con tu entereza y tu sincero modo de ver las cosas y entregarme tu vida y me das sosiego aun en los momentos de mayor locura y sublime placer. Y te alimento con toda mi fuerza y te doy mi esencia hasta agotarme en ti como tú te consumes en mi existencia que ya no la entiendo sin la tuya. Fuiste una aparición que creí imaginada al cegarme el sol perfilando contra el cielo tu cuerpo desnudo. Y al momento vi claro que mi imaginación no me engañaba creando un ser tan impensable como deseado. Y no dudé en acercarme para verte y comprender que desde ese mismo instante ya eras parte de mi, pues me perteneciste desde que te crearon y sin que supieses cual era tu verdadero destino, yo intuía que en alguna parte esperabas que mi mano sacase del letargo tu naturaleza para despertarte a la auténtica vida que en el fondo de tu alma esperabas tener. Y esa vida la encontraste conmigo. Y unimos el alma y juntamos la carne y se produjo la fusión que yo siempre soñé  

sábado, 2 de marzo de 2013

Reflexiones del barón


Cierro mis ojos y veo los tuyos. Casi no hay luz, pues tan sólo entra en mi vida un tenue hilo de luna que se filtra en esa noche de eterna sensación de soledad. Apenas veo otra cosa que no sea la imagen de tu cara en la penumbra y un acerado brillo que hiere mi alma y se clava en mi mente para no olvidar tu mirada. Tus pestañas tamizan quizás tu alegría, o evitan que descubra la intensidad de un placer que no quiere traducirse aún en sonrisa. O más bien en una mueca de gozo que traiciona tu pretendida frialdad que me mantiene en vilo esperando lograr que estalle contra mi pecho la pasión que encierra tu cuerpo. Su brillo me mata y me deja indefenso y no puedo retirar mi vista de ese par de mortales esmeraldas que lucen esta noche tan sólo para mí. Y es la luna quien destella en ellas su reflejo o será la intensidad de mi deseo que mis ojos proyectan en los tuyos devolviéndomela otra vez. Acaso no distingo ya cual es tu mirada o la mía, como apenas diferencio tu cuerpo del mío en esta oscuridad que me rodea y que trae a mi sueño tu ansia, tu miedo, tu  deseo y mi amor  

sábado, 2 de febrero de 2013




Quise acercarme al mar y su implacable furia me impuso y dudé si seguir hacia su inmensidad. Vi esa mar en cuya ribera nací y algo en mi interior me empujó hacia ella dominando el miedo y dejando a un lado toda advertencia de peligro o cuidado ante sus aguas bravas y agitadas. Baje hasta la playa y fui hacia la orilla oyendo el zumbido del viento que me rodeaba y llenaba mis oídos de recuerdos.

 Recuerdos y añoranzas de otros años, tan pasados ya que a veces ni los recuerdo. El aire plomizo cargado de nubes oscuras no me arredró ni pudo con mi determinación de ir hasta el agua; y la vi blanca de espuma y turbia de arena y muy fría. Y eché de menos el brillo del sol y la cegadora luz de ese cielo azul que en otro tiempo me animó a lanzarme al agua sin pensarlo ni temer nada que no fuese sentir el placer de flotar ingrávido mecido por su vaivén. 



Pero la mar de  mi infancia sigue siendo esa otra que fui a ver, aunque rugiese furiosa y el aire fuese denso y tan húmedo como sus olas. Y a pesar de parecer gris y oscura, al estar en ella la vi verde y cristalina y tan transparente que no pude evitar desear dormir para siempre acunado en su salado regazo. Tan verde y clara como unos ojos que también recuerdo al estar junto al mar. Y el mundo debería pararse y la vida volverse sencilla y sin trampas porque al final, al pasar los años y ver hacia atrás, sólo deseas recordar los ratos realmente felices y que sin duda son los más simples y sencillos de toda tu vida. Toda lucha, toda ansia, todo esfuerzo por lograr poder o riqueza, o alcanzar una posición por encima del resto de los hombres, no vale nada ni merece el dolor y el desamparo que en otros provoca conseguirlo. Fui a ver la mar y ella me consoló con su eterno rugir y su salada caricia de amor  

jueves, 24 de enero de 2013

Reflexiones del barón


Estaba triste la corte. Durante el día y por el centro, sigue habiendo muchos paseantes o caminantes que se dirigen a sus ocupaciones, si aún las tienen, y se ven cantidad de compradores de oro y plata. Los efectos de la crisis se dejan sentir en toda la urbe y  hay locales cerrados y negocios a los que les falta clientela para poder ser rentables. Y lo peor es que al hablar con la gente la notas como desinflada y sin ganas de afrontar un futuro que no se presenta nada prometedor. 



Y los políticos continúan diciendo bobadas y mentiras, como si todavía pudiesen convencer a alguien de que no son lo que ya todo el mundo sabe. Las instituciones del país se han deteriorado ellas mismas y creo que nunca más recuperarán un mínimo prestigio para resultar creíbles y mínimamente respetadas. Y a mí me da mucha pena ver todo esto y más saber que quienes podrían arreglarlo no tienen la menor intención de hacerlo, ya que al parecer su prioridad es su propio bienestar y el mantenimiento de los muchos privilegios que en todos estos años se fueron dando a sí mismos y que no tienen la menor intención de renunciar a ninguno ni aminorarlos aunque sólo fuese por un resquicio de decencia. El poder de otros tiempos se ha resquebrajado y de aquellos fastos y oropeles tan sólo quedan esos edificios emblemáticos que otrora representaron la grandeza de una nación y que ahora dan la impresión de haber venido a menos al igual que todo el país y más que nadie sus ciudadanos de a pié, que son los que sostienen los estados, las grandezas y escriben con su sangre y su sudor la verdadera historia de los pueblos  

jueves, 3 de enero de 2013

Reflexiones del barón


El temor es una idea que ronda en la mente. Una sombra. Una tenaz niebla que no deja ver con claridad lo que nos rodea. Un resquemor que nos agita y desasosiega. Un estado de ánimo que nos quita el sueño y tiritando sudamos. Nadie se libra de temer ni nadie tiene el remedio contra el miedo, pues no es más que un reflejo mental a perder lo que se tiene y se aprecia. Y sobre todo lo que más se estima y se ama. Y en esto último está la propia vida y la de quienes apreciamos y especialmente el amor. Podemos temer que la pasión se enfríe y se entibie el calor de la piel que suda ahora gozoso placer; y podemos sufrir pensando que se ha de calmar el torbellino del apetito por esa carne que nos estremece y el ansia por tocar una piel que nos enajena y su roce eriza nuestros deseos   sacando el alma de nuestro cuerpo, que queda desnuda y sin defensa a merced de quien siendo otro ser ya es parte del nuestro. Si es natural temer la pérdida de lo que se desea, yo te digo que no temas por ese amor que precisas para existir, porque es la energía que tú mismo generas y entregas a quien amas y la mezclas en su alma para que vuelva a ti convertida en esa fuerza que te da vida y te alimenta. No se puede temer la separación de un mismo ser, ya que no es posible partir en dos un alma. Y lo que antes sólo era una parte, ahora ya es un todo. Y sin la otra mitad ambas partes quedarán incompletas y el cuerpo resultaría fatalmente mutilado. Y ello me hace pensar que no es lógico temer tal cosa. O al menos así lo creo yo y por eso lo digo, pues sería tanto como pensar que la ola podría existir sin el mar, o la espuma se formara sin romper contra la roca o antes de lamer la costa. Una sola gota de agua es el propio mar y sin ella no habría océano