jueves, 20 de enero de 2011

Reflexiones del barón

 Cuánto puede sugerirnos una puerta cerrada. Hasta su propia forma o estilo nos induce a imaginar historias ocurridas o que puedan suceder tras ella. venturas emocionantes o una vida anodina que nos parece triste y sin el menor aliciente para poder soñar. Todo es posible antes de abrirla, pues una vez que traspasamos su umbral se nos revela lo que guarda, aunque aún juguemos a suponer lo que pudiera ocultar. Y casi todos somos puertas, más o menos castradas a cal y canto, o abiertas de par en par si nos interesa enseñarnos y recibir por el motivo que sea la visita de otras gentes que muevan favorablemente a ello nuestra voluntad. Y si antes de franquear la puerta es impredecible lo que encontraremos, lo mismo es imprevisible lo que topemos detrás de la cara amable de otra persona. En toda relación, el resultado depende del talante o el interés que despertemos en otros o que ellos consigan inquietar nuestra conciencia o nos provoquen la perspectiva de algo que nos incite a desearlo o conocerlo. Y fomentar el saber es bueno, pero avivar la curiosidad y el gusto por el cotilleo es una lamentable pobreza de espíritu que ni aporta nada positivo ni engrandece los merecimientos de nadie. Puesto que la mayor parte de la veces solamente denigra

martes, 18 de enero de 2011

Reflexiones del barón

En mi opinión el arte es jugar creando algo bello. Es hacer que una idea salga fuera de tu cerebro y se trasmita a otros provocando en ellos una reacción estética o espiritual solamente. Y al decir bello no me refiero a que sea forzosamente bonito, conforme a un criterio concreto, sino que, siendo plástico o incorpóreo, motive al pensamiento y a la deducción según el estado de ánimo del receptor más que el del artista. Puede ser un golpe impactante y revulsivo o algo sereno y apacible que incite a la calma y sosiego. Pero de tal sutileza que nos embriague y llene los sentidos por los que se percibe y hasta por aquellos que no se siente. No importa que nos haga flotar como globos o nos aplaste su crudeza o su grandiosa realidad. El caso es que nos transporte a otra dimensión y nos arrebate lo más posible alzando nuestros pies del suelo. También puede ser sólo placer o perturbación y hasta llegar al dolor íntimo del espíritu, pues es la gran expresión emocional del intelecto humano. Palabras, formas, colores, sonidos, armonía en suma y en perfecto equilibrio o en el más inquietante caos, pero siempre fruto de la imaginación y la innovación de las ideas, las creencias y las emociones de su creador

domingo, 16 de enero de 2011

Reflexiones del barón

Adormece mis sentidos un monótono repiqueteo de lluvia en los cristales. Parece acompañarse de la música que escucho y hasta juraría que las gotas bailan al compás de las notas de esa canción. Qué melancólica suena con el tamborileo incesante de una ligera llovizna que no pasa de ser un chubasco, pero molesta y moja como el chaparrón. Si sales a la calle no sabes si abrir el paraguas o dejarlo cerrado, porque no parece que vaya a empaparte algo con tan poca fuerza y escasa cantidad. Pero si caminas algún tiempo bajo esa bruma más húmeda que acuosa y que pinga incansablemente, te pones como un pito y notas que estás mojado por todas partes y no precisamente por morbo o expectativas de un placer sexual inmediato. Pero con ella todo renace mas tarde y estallará la primavera mucho más radiante cuanto más agua caiga durante el invierno. Además, deben llenarse y aumentar las reservas de acuíferas para el seco estío o habrá restricciones si no ha llovido lo suficiente. Aunque en esta tierra eso de que falte el agua no es frecuente aunque las cuatro estaciones no sean generosas en precipitaciones. Aquí el agua nace de la tierra además de caer del cielo. Y esta ultima si es demasiada puede desbordar los cauces de los ríos y anegar sus riberas. Pero curiosamente de tal devastación no sólo es culpable la madre naturaleza, pues suele darse en mayor medida por la colaboración de los hombres que se empeñan en obstaculizar el paso a los torrentes y construyen muchas veces donde no se debe. Y la naturaleza, cabreada, se lleva todo por delante para abrirse paso de nuevo y sobreviene la tragedia, el dolor y la catástrofe, tanto por falta de previsión como por arriesgarse en exceso intentando poner barreras al mar y al río y hasta puertas al campo. Y cada vez nos va quedando menos libertad con tanta traba e impedimentos

viernes, 14 de enero de 2011

Reflexiones del barón

 Puede ser tan vistoso como una mariposa que luce sus colores brillantes al sol y parece que su vida durará siempre. Y, sin embargo, su existencia es más corta de lo que pudiera pensar quien la ve tan hermosa y vivaz. También nos recuerda a veces a una cigarra cantarina y alegre, que también sucumbirá antes de lo impensable, o una luciérnaga que tintinea su luz alternando con el canto nocturno que no dejamos de oír en las cálidas noches de verano. Como todas esas criaturas y algunas más, puede parecerse el amor. Un sentimiento mezclado con la atracción sexual hacia otro individuo o individua de la misma especie, en el mejor de los casos, puesto que si es de otra no lo llamaría amor en esta acepción de la palabra, sino más bien cariño por ese animal y si el asunto llega a una relación carnal, tampoco me atrevería a denominarlo amor en sentido estricto como puede darse entre humanos. Siguiendo con el primer concepto amoroso, digo que se parece un tanto a esos bellos y efímeros animales, pues nos ilusiona, alegra, encandila y asombra y fascina hasta perder el sentido y la razón lógica de las cosas y los sentimientos. Nos absorbe e integra en un mundo mágico y casi irreal que dura lo que se mantiene ese estado de excitación y calentamiento hormonal generalizado de nuestro organismo, pero que se va diluyendo a medida que todo eso se enfría con el paso del tiempo y, lo que es peor y provoca un deterior más rápido, la puta costumbre y el tedio de la rutina, al entender la practica del sexo como una obligación sin variación ni apetencia por experimentar y descubrir nuevas sensaciones y placeres gozosos. Y antes de darnos cuenta se acaba y se extingue como la mariposa o la luciérnaga o la cigarra, para morir dejando un rastro de pena y dolor

miércoles, 12 de enero de 2011

Reflexiones del barón

Te quise o creí quererte como quizás lo creíste tú y empezamos por una atracción por puro sexo. Luego nos encelamos. O pensamos que lo estábamos, aunque lo cierto es que nada más vernos nos liábamos a besos y yo te sobaba hasta los ojos antes de aparearnos. Te excitaba mi voz y lo que te decía y tu cuerpo respondía al mismo deseo que el mío y hasta te mojabas sin necesidad de tocarte, tan sólo con oír lo que te haría más tarde. Pero con el tiempo todo fue cambiando y el sexo disminuyó de intensidad y frecuencia y hasta notaba que no siempre me buscabas y hasta preferías no hacerlo. Y yo te confieso que me pasaba lo mismo, pero mi cariño era mucho más grande que al principio. No sé si alguna vez llegamos a hacer el amor, pero te he sentido como algo muy mío y me gustaba verte y escuchar tu voz aunque no dijeses más que cosas cotidianas de tu vida y tu intimidad. No hablábamos de amor ni de futuro y, sin embargo, me sentía atado a ti sin ningún lazo visible o aparente. Y cuando quise avivar el fuego, ya muy débil, se apagó de repente y todo terminó sin previo aviso. Y lo peor es que en el fondo no sentí nada que me produjese el dolor que yo suponía al perderte. Como una tarde no muy lejana, sólo dejamos unas huellas en la arena que se borraron con el viento nada más marcharnos de la playa al declinar el sol. Es triste que también en el alma se borren los sentimientos con un mero soplido ajeno que nos enfría el corazón   

martes, 11 de enero de 2011

Reflexiones del barón


Una nube tapa el sol como una obsesión cubre la mente y no deja que vislumbre la realidad con la claridad necesaria para no cometer una locura. Porque sin llegar a ser locura se pueden hacer tonterías y bobadas que pasado un breve espacio de tiempo ya nos pesan y lamentamos haberlas cometido. Y muchas veces el amor es el culpable de ese proceder algo irracional que nos turba y ofusca la inteligencia para no ver las cosas en su verdadera dimensión. Pero es tan difícil controlarse a veces!. Hace falta un espíritu muy sereno y equilibrado para no saltar antes ciertos comportamientos o palabras. Y, sin embargo, la falta de sosiego sólo empeora las cosas y nos priva en ocasiones de la posible razón que tengamos para ofendernos. Yo no creo que una fiera salvaje pierda los papeles como solemos hacerlo los humanos cuando no nos salen los planes tal y como los habíamos previsto. Y les llamamos fieras y bestias y no nos damos cuenta que ningún otro animal puede ser tan feroz y sanguinario como el hombre y no siempre porque se sienta atacado o busque su sostén, como hacen ellos, sino que en la mayoría de los casos las razones son mucho más bajas y detestables y no procuran ni la supervivencia de la especie ni siquiera la del propio individuo. Solamente es por codicia o pura ambición de riqueza y poder. O, lo que todavía es peor, a causa del odio o la envidia por algo que no puede alcanzar o le supera

lunes, 10 de enero de 2011

Reflexiones del barón


Un día gris, lluvioso, invita a la melancolía y cargado de nostalgias crees ver entre la bruma fría de la mañana escenas que ya pasaron en tu vida. No son tal y como fueron, pues la memoria nos engaña y nos devuelve lo vivido transformado y variando su realidad. Nunca nada es exacto en el recuerdo de dos mentes que compartieron la misma experiencia y uno verá una faceta o le dará un matiz distinto y hasta contrapuesto en función de lo que se quiera evocar al recordarlo. Es como si el mismo material cinematográfico fuese elaborado por otro director en base a un texto transformado por nuevos guionistas. Cada uno querrá darle la vuelta a la historia como su inteligencia y su propia conciencia le dicte y resultarán películas diferentes en las que no coincidirán ni el protagonista ni el malo. Y lo mejor sería que en ninguna de ellas hubiese tales papeles y todos los actores se repartiesen el mismo grado de bondad y malicia. Pero quizás eso fuese demasiado justo para la mente humana, acostumbrada siempre a dividir el mundo en dos bandos, donde acostumbra por principio a colocar en uno buenos muy buenos y en el otro malos muy malos. Y pocas veces deja espacio para los simplemente regulares. Porque a veces el tiempo revisa esos roles y puede ser que ni unos fueron tan estupendos como nos dijeron ni los otros tan nefastos y aborrecibles como dicen algunos. Por eso un dicho popular dice que las cosas siempre son según el color del cristal conque se miran y eso es una verdad como un templo