sábado, 8 de enero de 2011

Reflexiones del barón


Hincan sus rodillas la ijada del potro y cabalga alocado hollando la hierba a su paso, como un brutal guerrero de antaño con prisa por conquistar los restos maltrechos de un caduco imperio. No piensa las consecuencias de sus actos ni tampoco ve el peligro que lo acecha, pero sigue su carrera desenfrenada hacia la gloria o la perdición. Es la viva imagen del ansia y la desesperación al mismo tiempo y su rostro no refleja más que ambición desmedida por alcanzar ese fin incierto que atormenta sus sueños. De niño era tranquilo y el mundo sencillo en su entrono no inquietaba su plácida vida de cuidados y mimos, mas eso fue entonces y ahora, cuando todo es diferente y complicado, no encuentra ese remanso de paz que inconscientemente busca. El amor pasó por su lado sin quedarse mucho tiempo, ni tampoco le acompañaron en exceso la fama ni el triunfo. Y, sin embargo, puso de su parte cuanto pudo y supo hacer por lograr el reconocimiento ajeno y hacerse un lugar entre los inmortales. A cuántas personas pudieran aplicarse estas palabras. Y la verdad es que no se han dado cuenta a lo largo de su existencia que todo eso es tan banal como el humo que sale de una hoguera que ya se apaga. El único mérito consiste en no causar daño a nadie y librar tus batallas sin sangre ni víctimas mortales, porque el triunfo no es más que vivir y dejar vivir al resto sin censuras ni prejuicios

viernes, 7 de enero de 2011

Reflexiones del barón

La paciencia es una virtud, sin duda, pero puede que la docilidad por principio y sin cuestionarse nada, aceptando lo que venga desde arriba sin rechistar ni emitir la menor protesta audible, ya me va pareciendo una estupidez, aunque la veamos como algo meritorio en algunos animales que nos sirven o hemos utilizado hasta ponerlos en peligro de extinción. Y dicho así suena como algo que no suele afectarnos a los ciudadanos del llamado primer mundo. Y cuán equivocados estamos. Unos pocos oprimen al resto y se aprovechan haciéndonos creer que somos alguien y más que el resto de la humanidad, a pesar que comparados con el resto del universo no pasemos de ser una mierda más. Pero sólo ellos prosperan y todo lo tienen y dominan cuanto hay bajo las estrellas y sobre la tierra. Y los demás nos conformamos con verlos o saber de ellos de vez en cuando en canales de TV u ocasionalmente en la prensa o el papel cuché de las revistas que hablan de gente importante o famosa. No se dejan ver demasiado para que no conozcamos ni nos quedemos con sus caras, ya que son quienes ostentan los poderes fácticos y mueven el mundo utilizando a otros que les sirven como a ellos les da la gana y hacen cuanto es preciso para enriquecerlos más y otorgarles todavía más poder y riqueza. Pero últimamente sus secuaces estiran tanto la cuerda para mantener las prebendas ya logradas y establecidas como algo sagrado e intocable, que está a punto de ahogarnos y si tiran un poco más hasta podrá romperse esa soga. Y entonces al vernos libres del dogal puede que algunos lleguen a reaccionar y les resulte muy molesto para todos esos abusones y sus sicarios

jueves, 6 de enero de 2011

Reflexiones del barón

El cielo amanece gris y la luz plomiza pesa sobre el ánimo afligiendo el espíritu lleno de nostalgia de otros tiempos o de otras realidades. Deseas ver el brillo del sol, como si al romperse las nubes y dejar un resquicio para que sus rayos lleguen a nuestros ojos, con ellos, aunque sólo sea uno, vendrán de nuevo la alegría y la ilusión. Sentir ese calor del astro rey desentumece el alma y sientes ganas de reír por nada, aunque todavía por dentro las penas atenacen tus pensamientos. Un nuevo día es una nueva oportunidad para comenzar la aventura y renovar la energía que nos impulsa a caminar. A seguir adelante hora a hora, minuto a minuto, sin desmayar ni perder el sentido de lo que hacemos o el objeto de las cosas que nos rodean, a pesar de lo que la rutina nos desgaste o la influencia ajena pretenda hacernos creer y tragar. Decimos muy serios que no somos irracionales, pero muchas veces lo parecemos y cualquier animal de otra especie, tal y como resuelve sus problemas de supervivencia, resulta más inteligente y avispado que nosotros. Qué pensarán ellos de lo que nos ven hacer y decir?. Son espectadores mudos de nuestros actos, pero eso no implica que no vean y critiquen el triste espectáculo que damos y nos consideren unos majaderos inconsecuentes. Que, en muchos casos, no merecemos compartir el universo con tales criaturas, mucho más sensatas y prudentes que nosotros y siempre menos perjudiciales para el resto de la creación 

miércoles, 5 de enero de 2011

Reflexiones del barón

Los pensamientos fluyen demasiado de prisa y no siempre se consigue poner freno a las ideas y reprimir aquello que se considera políticamente incorrecto. Quizás sea porque se piensa libremente, sin tapujos, sobre lo que existe. Y aunque no parezca que es bueno de acuerdo con lo asumido por la mayoría, está en el mundo y nos rodeas y a veces hasta nos envuelve, sin poder remediar que nos arrastre hacia lo que otros tildan como perverso. Y todo eso es tan subjetivo y pueden cambiar tanto los principios, que da miedo pensar que la vida se rija por parámetros impuestos como socialmente aceptables y se prohiba todo lo que escape o se aleje de la fría norma establecida, en función de lo admitido como bueno, sin dar oportunidad a que otras conductas convivan y se muestren libremente aunque no hagan daño a nadie. Porque lo tenido por correcto por unos, puede ser perjudicial para otros, que al ser más débiles dentro del colectivo, sufren el peso de lo que los otros quieren. Y se da paso a la simulación y la hipocresía, pues sin que nadie niegue en privado la realidad completa y auténtica, se oculta y se tapa en aras de la moral oficial, que ha de ser única y para todos por igual. Con frecuencia, aunque se proclame lo contrario, la uniformidad es el aro por el que todos deben pasar, como las ovejas entran en el redil, balando, pero sumisas para que las trasquilen o las llevan al matadero. Y a pesar que en lugar de ovejas sean cabras e intenten embestir, también terminan entrando por el mismo aro

martes, 4 de enero de 2011

Reflexiones del barón

Podemos dejar ver en nuestro interior como si fuésemos de cristal. Pero también es cierto que, como el cristal incoloro, dejamos ver lo que contenemos según el color que mejor nos parezca o interese. Nada es tal y como solemos verlo, más si se refiere a los demás. Y cuando se trata de nosotros mismos, ponemos las cosas de diferente modo a tenor de las circunstancias. Y hasta lo opaco y sombrío pude aparecer luminoso y lleno de colores excitantes. Podemos ser como bellas botellas de licor, que ya sean lisas o bien talladas, nos muestran el líquido de la forma más apetecible incitándonos a beberlo. Y aún siendo una bebida fuerte y de alta graduación, a nuestros ojos semeja un jarabe agradable y de sabor delicioso que baja por la garganta sin darnos cuenta y se va apoderando de nuestros sentidos. Y al pasar el efecto del bebedizo, nos quedan la secuelas y la cruda realidad de la ilusión evaporada. Todo se diluye y desaparece poco a poco y quedamos solos mirando la realidad sin brillos ni olorosos colores que la transforman en quimeras de humo. Es entonces cuando estamos con nosotros mismos

lunes, 3 de enero de 2011

Reflexiones del barón

Se cansó de jugar en el agua deslizándose sobre las olas y corrió por la orilla haciendo alguna cabriola, hasta que con un salto quedó cabeza abajo apuntando al cielo con los pies, muy estirado en perfecta vertical y apoyado tan solo en una mano. El resplandor del sol sobre el agua le cagaba los ojos y una sombra alargada alivió esa ceguera y le permitió ver unos pies desnudos delante de su cara. Perdió el equilibrio y cayó sobre la arena mojada. Y al levantar la vista vio el resto de esa figura que le hacía sombre y lo protegía del sol. De buena estatura y cuerpo atlético, con la piel más clara que la suya, fijó los ojos en él y unos relámpagos verdosos se clavaron en los suyos. Aquella mirada lo prendó y le atravesó el cerebro y, sin pronunciar ni una palabra, entendió lo que quería decirle. Le tendió una mano y él se aferró a ella y de un tirón enérgico lo alzo del suelo, pero, aunque su gesto fuese amable, le obligó a bajar la cabeza y mirar al suelo. Se dio la vuelta y comenzó a caminar y él siguió sus huellas como un perro sin mirar hacia arriba por respeto y miedo a manchar con el deseo aquella espalda perfecta. Y cuando se detuvieron, él ya no era más que la sombra que la otra figura proyectaba sobre el suelo. Supo que le pertenecía y siempre sería lo que quisiera hacer de él. Y perdió la libertad, pero conoció la pasión y ganó ese amor que lo abrasó por dentro

sábado, 1 de enero de 2011

Reflexiones del barón

Acaso es más bella la piedra lisa y sin manchas y señales de agentes ajenos a su materia o el impacto de los elementos sobre ella?. Por qué puede gustarnos la superficie ajada y rota de una roca o un simple pedrusco, que puede ser una obra de arte, y, sin embargo, parece que nos molesta ver en el espejo nuestra superficie marcada por el paso del tiempo. La piel humana es como cualquier otra envoltura que crea la naturaleza y cambia y pierde elasticidad, pareciendo menos tersa y fragante que en la primera juventud. Y entonces nos parece hermosa y fresca. Pero con las experiencia que va acumulando a lo largo de una vida, quizás gana en misterio y cuando menos en profunda serenidad. No nos gusta vernos al notar las primeras arrugas y desperfectos, pero si lo pensamos bien y nos miramos con otros ojos, también llegamos a la conclusión que esos surcos que cada día señalan el viento y el sol sobre nuestro rostro, son el signo externo de nuestra existencia y de la fuerza interior que nos empuja cada mañana para seguir el camino que nos vamos marcando desde el nacimiento. Esas rayas son la letras que cuentan lo que fuimos hasta ese momento