Cada noche al acostarme en mi cama veo esos dos cuadros en la pared. Los dos se refieren a algo especifico de mi ciudad. Un edificio que es el Concello, como se dice en mi lengua vernácula. Y un puente que cruza un estrecho, famoso por dos hechos. Una batalla contra los ingleses, que lleva su nombre. Y, a consecuencia de ella, ocultar un tesoro en las profundidades del mar. Son fundamentalmente grises, aunque en uno destaquen tonos rojos, que no son más que meros reflejos de un día que pudo ser más intenso. Pero en general la vida es principalmente monótona y pocas veces sentimos que la sangre se nos vuelve adolescente otra vez. Y yo veo esas pinturas y apago la luz esperando que un nuevo día me traiga colores vivos y brillantes, sino de pasión al menos de esperanza en una existencia más vivida y trepidante, que renueve mi adrenalina y mi deseo. Todos necesitamos un estímulo vital para seguir el camino
lunes, 4 de octubre de 2010
sábado, 2 de octubre de 2010
Reflexiones del barón
Me hizo gracia verlos venir tan ordenadamente como si fuese una procesión de notables en un acto social. Siguen al cabecilla, o simplemente le tocó a él ir delante esa tarde?. Se movían imitándose el contoneo y parecían decir “has visto que guapos y elegantes vamos?. Y qué bien nos quedan nuestras plumas!”. Sí que estaban majos tan emplumados!. Unos o unas, no sé diferenciarlos por el sexo, iban de blanco y los otros u otras, ahí tengo el mismo problema que antes, en un pardo grisáceo con adornos también blancos en la cola y debajo del vientre. Pero estaban más chulos o chulas, sigo sin saber si eran machos o hembras, que un San Luís. O cualquier otra santa si eran gansas en lugar de gansos. Y es posible que hubiera de todo y hasta algunos formasen parejas. Y me de igual que fuesen de hembras o de machos. O mixtas. Que en eso no tengo prejuicios. Lo que si me recordaron, fue a los miembros de una encumbrada élite social, por lo altivos y altaneros que deambulaban por el parque los dichoso gansos. O gansas
viernes, 1 de octubre de 2010
Reflexiones del barón
Hoy no sé que comentar. Veo la playa y me atrae el mar, pero, me pasa como al líquido encaje de las olas que no se deciden a quedarse en la arena. Parece que noto el aire que hincha mi vela, pero pienso, vuelvo a pensar, y nada. No avanzo ni apenas se mueve la barca. Hoy mi mente más que un ágil velero parece un corcho que sólo flota. Cómo me gustaría ser un cormorán y darme un chapuzón lanzándome en picado para pescar. Quizás capturase una buena idea para reflexionar sobre ella. Pero me temo que esta tarde estoy en sequía de sentimientos y no se me ocurre nada interesante de que hablar
miércoles, 29 de septiembre de 2010
Reflexiones del barón
A veces el mar parece de plata y se destacan en negro las bateas donde se cultiva el mejillón. Pero erraríamos si creyésemos que es metal y no agua. Y yo creo que de igual modo nos equivocamos al decir que un amor no fue sincero cuando nos abandona. El amor mientras dura es verdadero. Y si se acaba, no deja de ser cierto por eso. Sea por mucho o poco tiempo, mientras dos seres se aman, ese sentimiento es tan verdad y tan auténtico como el cielo y el mar. Y no por terminarse esa unión podemos echar en cara al otro que no nos ha amado. Ni somos el cielo ni el mar, aunque nos confunda el reflejo de la luz en nuestro corazón. Sólo somos personas que se duelen del desamor. Y si lo hacemos es porque antes hubo deseo y en definitiva amor
martes, 28 de septiembre de 2010
Reflexiones del barón
Nunca hablaron estas bocas, pero en otro tiempo echaron agua para apagar la sed de quienes se acercaban a ella para llevársela a la boca con las manos. O llenar un cántaro de barro en donde la mantendrían fresca más tiempo. Su origen es noble. Y sigue adosada a un viejo muro junto a un aristocrático palacio de pasadas glorias. Ahora sólo es un monumento más en una villa tranquila que quiere unir la modernidad con su historia. Y grabados también en piedra, se ven los escudos locales custodiando a otro más grande e importante, que enseñorea las armas de familias regias, orladas de honores y encumbradas con una corona. Sin embargo, el mayor mérito de esa población fue el duro trabajo de sus gentes en una acería
lunes, 27 de septiembre de 2010
Reflexiones del barón
Hay días que te sientes tan desnudo como una rama sin hojas. Y si te enfrentas al mar con el ánimo cargado de soledad, el son de las olas llega a absorber tus pensamientos y te hace creer que a su lado estás acompañado, porque formas parte de su mundo. De ese universo múltiple que no abarcamos con la vista, ni imaginamos tan enorme hasta que bajas a sus orillas y ves como juega a lamer tus pies con su espuma. La rama, desprotegida de su vestido, se afinca entre las rocas para que el viento no la arrastre hasta el mar. Parece que no sabe que flotará en sus aguas y más pronto que tarde la arrojará de nuevo a la playa. Y medio tapada por la arena, ni estará sola ni se verá desnuda
sábado, 25 de septiembre de 2010
Reflexiones del barón
Podrían ser iguales, pero solamente son similares en cuanto al aspecto y al uso. Por ambos corre el mismo elemento que justifica su utilidad y la misma necesidad de ser. Y el tiempo les afecta de la misma forma, adosados siempre a la materia en la que están anclados. Quizás ellos mismos buscaron o desearon quedar sujetos indefinidamente al duro granito por fuertes pernos de hierro y aros oxidados por la lluvia y el aire marino. Pero ahora ya no depende de ellos seguir unidos a esa base que no les permite desmoronarse por el suelo. Y las arañas que prenden su tela casi invisible, yendo del uno al otro, saben mejor que nadie que la piedra que los sustenta es la razón de ser y a garantía de permanencia para el servicio que le prestan ellos
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